¿Al PSOE le ha tocado la lotería de verdad? Un dirigente socialista se hacía esta pregunta ayer, sorprendido pero sin emoción, cuando se enteraba de la decisión del PNV de apoyar la moción de censura. Un empresario subrayaba de víspera los riesgos que, a su juicio, encierra la 'operación Sánchez' y le decía que la única salida real pasaba por elecciones en otoño sí o sí. Así, las urnas darían la puntilla definitiva a la era Aznar, donde Rajoy ha sido el último de la saga.
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Pero la iniciativa para tumbar a Rajoy ha prosperado pese a todas las presiones. El giro drástico del PNV al apoyar a Pedro Sánchez pasará a la historia. Del apoyo a los Presupuestos del PP y de la buena relación entre Ortuzar y Rajoy a la luz verde al 'Gobierno Frankenstein' media un abismo y explica lo volátil y líquida que es hoy la política.
Al PNV le han hecho una envolvente la izquierda y los soberanistas catalanes. No ha querido al final retratarse más junto al PP y Ciudadanos. Y ha realizado un cálculo a medio plazo. Un alineamiento con Rajoy le desgastaba de cara a las municipales. Y necesitaba alejar lo máximo el riesgo de un adelanto electoral. Su objetivo, además de mantener los Presupuestos, pasa por enfriar las expectativas de Ciudadanos. El cálculo jeltzale es que Sánchez podría facilitar una salida a largo plazo al conflicto de Cataluña y que un descenso en la tensión erosione poco a poco a Ciudadanos. Aunque esto tardará tiempo. La jugada es debilitar a Albert Rivera y hacerle pasar antes por los comicios municipales para rebajar sus opciones ante las generales.
El debate de la moción ha sido también un canto del cisne. Ha permitido un regreso a la polarización PP-PSOE resquebrajada en los últimos años. El bipartidismo ofrecía una inédita estampa, quizá de la últimas, de la habilidad dialéctica de Rajoy frente a un Pedro Sánchez que ni se lo cree. Esta vez, Rajoy, el eterno superviviente, no podía hacerse más el muerto y dejar que se pudriera la situación. Le ha devorado la misma pasividad que en otro tiempo le permitió resistir.
Iván Redondo, el politólogo donostiarra asesor de Sánchez, suele comparar al PSOE con un viejo coche rojo, un Ferrari antiguo que puede dar tardes de éxitos. «Ferrari tiene ahora buen equipo, buen muro y buen piloto», recalca Redondo, ingeniero de la estrategia de Sánchez, de la 'guerra-relámpago' que tanto cautiva a Iñigo Errejón en términos políticos y que ha conseguido atraer a los nacionalistas. El Ferrari, que algunos ven demasiado clásico, aún es capaz de sorprender frente al 'tractor' de Rajoy cuando cortejaba al PNV.
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Eso sí, una cosa es que el Ferrari gane hoy la carrera y otra que Sánchez pueda gobernar inspirándose en la fórmula portuguesa, un gobierno socialista en minoría con apoyo exterior de otras izquierdas. Lo tendrá muy difícil vista la falta de entusiasmo de algunos apoyos. No tiene una mayoría sólida, pero es cierto que se ha curtido en pilotar carreras casi imposibles. En todo caso, nos esperan tardes de gloria. Y de verdadero vértigo.
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