

Secciones
Servicios
Destacamos
Está difícil pero no imposible, porque mientras hay vida hay esperanza. La Real se juega en el Bernabéu el pase a la que sería su novena final de Copa de su historia, algo digno de destacar porque no hay tantos clubes que puedan presumir de ello. La historia comenzó en 1909 como Club Ciclista de San Sebastián y vivió su último capítulo hace cuatro años con la conquista del título ante el Athletic en La Cartuja.
La Copa se creó en 1903 y se llamó del Rey porque Alfonso XIII decidió donar una copa de plata para el campeón. En sus primeras ediciones se inscribían pocos equipos y se jugaba en sistema de liguilla en sede única, normalmente en Madrid. Allí, en 1909, salió campeón por primera vez el conjunto txuri-urdin que se impuso en la ronda previa al Athletic y en semifinales al Galicia de Vigo. En la final jugada el 8 de abril derrotó por 3-1 al Español de Madrid en un partido disputado bajo un fuerte aguacero y con mucho frío y que resolvió gracias al doblete de McGuinness y otro tanto de Simmons.
La Sociedad de Fútbol se inscribió oficialmente en el Registro de entidades deportivas el 7 de septiembre de 1909, por lo que hubo de tomar prestado el nombre del Club Ciclista para participar en la Copa cinco meses antes. En 1910 Alfonso XIII le concedió el título de Real pero curiosamente tampoco pudo participar con su nombre ese año porque el reglamento establecía que debía tener un año de antigüedad, así que jugó como Vasconia Sporting Club, entidad donostiarra que sí cumplía con ese requisito de estar registrada.
Esa edición se celebró en San Sebastián al ser el vigente campeón y en la primera eliminatoria superó al Racing Club de Irun. El campeonato se disputó en el campo de Ondarreta del 19 al 21 de marzo y tomaron parte, además del conjunto blanquiazul, el Real Madrid y el Athletic en formato de triangular.
El cuadro bilbaíno ganó 2-0 el encuentro inaugural al madridista y el segundo le enfrentó al Vasconia. Aunque no se puede considerar una final, sí se trató del choque decisivo porque el Athletic se impuso 1-0 y con dos victorias se proclamó campeón. En el tercer duelo hubo triunfo local por 2-0 con doblete de McGuinness en «el partido más bonito que se ha presenciado nunca en San Sebastián», según rcogieron las crónicas de la época.
Tres años más tarde la Real Sociedad, ya con su nombre, se vio las caras en la final con el Barcelona en una edición envuelta en polémica porque se disputaron dos torneos, uno organizado por la Federación Española y otro por la Unión Española de Clubes, que fue el que protagonizaron blanquiazules y azulgranas.
Como tantas veces ha sucedido, los dos equipos no gozaron de las mismas oportunidades porque se decidió que la final se disputara a dos partidos y en el campo del Barcelona. A pesar de la ventaja de jugar en casa y no tener que hacer un desplazamiento tan importante para la época, la Real empató los dos encuentros (2-2 y 0-0), jugados el domingo 16 de marzo y el lunes 17. Como era Semana Santa, se dejó el partido de desempate para el domingo 23 de marzo. Rezola marcó primero pero los catalanes remontaron (2-1) para llevarse el título después de contar con la gran ventaja de jugar los tres envites ante su público en el campo de La Industria de Barcelona.
Si resolver una Copa a tres partidos ya es algo excepcional, ambos contendientes volvieron a repetir la misma experiencia en la célebre final de Santander de 1928, «la más épica disputada hasta entonces». El primer 'round' fue el 20 de mayo y terminó con 1-1 tras los goles de Samitier y el realista Mariscal. La expedición txuri-urdin no acabó nada satisfecha con la actuación arbitral, que según las crónicas favoreció a los culés. Dos días después se jugó el desempate pero el marcador volvió a reflejar otro empate (1-1), esta vez con gol marcado por Cholín.
Se dio el problema de que empezaban los Juegos Olímpicos de Amsterdam y la Real tenía nueve jugadores en la selección, por lo que hubo que aplazarla hasta el 29 de junio. Los futbolistas del Barcelona, como eran profesional, no podían acudir a los Juegos, reservados a deportistas amateurs. El caso es que los guipuzcoanos llegaron reventados del esfuerzo al tercer partido y perdieron por 3-1.
Pero la clave estuvo en el primer duelo que debió ganar la Real y en el que Platko, meta culé, acabó con un vendaje en la cabeza producto de un choque ante Cholín al intentar frenar el vendaval realista. El poeta Rafael Alberti, presente en el campo, le dedicó la conocida «Oda a Platko», a la que contestó el hernaniarra Gabriel Celaya, que también estuvo allí, con los siguientes versos: «Y recuerdo también nuestra triple derrota en aquellos partidos frente al Barcelona, que si nos ganó no fue gracias a Platko, sino por diez penaltis claros que nos robaron. Camisolas azules y blancas volaban al aire, felices, como pájaros libres. Asaltaban la meta defendida con furia y nada pudo entonces toda la inteligencia y el despliegue de los donostiarras, que luchaban contra la rabia ciega y el barro, las patadas y un árbitro comprado. Todos lo recordamos y quizá más que tú, mi querido Alberti, lo recuerdo yo, porque yo estaba allí, porque vi lo que vi, lo que tú has olvidado, pero nosotros siempre recordamos: ganamos. En buena ley, ganamos, y hay algo que no cambian los falsos resultados».
La Real tuvo que esperar 23 años hasta disputar otra final en 1951 y, de nuevo, con el Barcelona como adversario. Los cuarenta habían sido inestables para el club, que después de estar en Segunda había ascendido en 1949. En semifinales superó al Real Madrid a doble partido, el segundo en Chamartín por 0-2 después de ganar 1-0 de Atocha. Benito Díaz era el entrenador y había recuperado tras el ascenso a tres jugadores de la casa que estaban en el Valencia como Epi, Silvestre Igoa y Guillermo Eizaguirre, todos internacionales.
En la final, jugada en Madrid el 27 de mayo, el Barcelona de los Kubala, Ramallets, César, Basora y compañía se impuso con autoridad en la única ocasión que no ha existido polémica.
Otros 36 años pasarían hasta la siguiente final, la de Zaragoza en 1987, de la que muchos tienen recuerdo directo, los que estuvieron en La Romareda y quienes la vieron por la tele. Disputada bajo un calor asfixiante, se dilucidó en los penaltis después de acabar en empate (2-2), tantos de López Ufarte y Txiki Begiristain. En los lanzamientos desde el punto fatídico marcaron Larrañaga, Bakero, Musti Mujika y Martín Begiristain, y Arconada detuvo el decisivo a Quique Ramos.
Un año más tarde aquel conjunto entrenado por Toshack volvió a plantarse en la final después de desplegar, seguramente, el mejor fútbol de su historia. En octavos goleó al Sporting (4-0), uno de los equipos importantes de entonces en Primera, en cuartos le endosó un 3-1 al Atlético y en las semifinales ganó los dos partidos al Real Madrid, 1-0 en Atocha y 0-4 en el Bernabéu con un recital que recibió el reconocimiento del público blanco.
El conjunto guipuzcoano partía como favorito en la final ante un Barcelona en horas bajas al que había goleado por 4-1 en la Liga. Pero como en 1913 y 1928, sus malas artes volvieron a ser determinantes. Cuando se disputó el partido, el 30 de marzo, ya tenía fichados a tres pilares blanquiazules como Bakero, Begiristain y Luis Mari López Rekarte, lo que generó muchas suspicacias. La Real hizo su peor partido de la temporada y un gol de Alexanko en una acción de estrategia hizo buenas las maniobras culés para conquistar el título. Por si la derrota no fuera suficiente, los aficionados blanquiazules que acudieron al Bernabéu fueron golpeados sin justificación alguna por parte de la Policía Nacional y no fueron pocos los que salieron del campo no solo heridos en el alma por la derrota sino en el cuerpo por las porras. Pocos imaginaban entonces la larga travesía en el desierto que se iniciaba entonces hasta llegar a otra final.
Tras aquella derrota en Madrid comenzó una etapa negra para la Real en la Copa, torneo en el que sufrió eliminaciones humillantes a finales de los noventa y principios de este siglo ante rivales de inferior categoría como el Numancia, Beasain, Hospitalet, Zamora o Mirandés.
En 2014, con Arrasate en el banquillo, alcanzó las semifinales ante el Barcelona pero una mala actuación arbitral de González González en el Camp Nou encarriló la eliminatoria para los azulgranas. Con la llegada de Imanol en 2019, la Real ha recuperado su brillo en esta competición jugando tres semifinales en seis años y conquistando la Copa ante el Athletic en Sevilla en la temporada 19/20.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Álvaro Soto | Madrid y Lidia Carvajal
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.