Secciones
Servicios
Destacamos
ESTRELLA VALLEJO
Domingo, 23 de octubre 2016, 08:58
Los comercios donostiarras de mediados de siglo eran el fiel reflejo, la esencia, de una ciudad en la que la calidad y la exquisitez del diseño, la elaboración y los materiales eclipsaban cualquier otro factor. No obstante, lejos del tópico que idealiza tiempos pasados e infravalora en cierto modo los esfuerzos actuales, el comercio de Donostia ha aprendido a adaptarse, pero preservando -no sin dificultades- la esencia de un negocio singular.
Los visitantes que se acercan a la capital guipuzcoana lo hacen en numerosos casos hipnotizados por la elaboración de los famosos pintxos y el aroma de la gastronomía local, pero no es menos cierto que muchos turistas llegan, cada vez más, para consumir en los comercios, profundamente interesados en aquellos artículos con un espíritu eminentemente local. «San Sebastián cuenta con una oferta de establecimientos de marca local de una gran calidad y es lo que tenemos que potenciar», expuso el delegado de Turismo e Impulso Económico, Ernesto Gasco, decidido a incluir San Sebastián en el circuito de destinos a los que se va «de compras».
En esas rutas por los comercios donostiarras se harán paradas en aquellos establecimientos que aún hoy, después de haber pasado de generación en generación, guardan la esencia de un pasado que no deja de formar parte de la historia de la ciudad, unos establecimientos en los que se mantiene la tradición manufacturadora de sus artículos. Su éxito, dicen algunos, es fruto de haber sabido proteger y poner en valor la personalidad de lo tradicional. Que es, a fin de cuentas, lo que les hace diferentes.
Los 'tours de shopping' están aún pendientes de concretarse pero una de las paradas obligadas será sin duda en la calle Aldamar, 8. La joyería Casa Munoa abrió sus puertas en 1935 y es, desde hace décadas, un referente en el sector. Rafael Munoa, Medalla al Mérito de la ciudad y considerado uno de los mejores joyeros de Donostia, estuvo al frente de la joyería hasta que falleció hace cuatro años. Desde entonces, su hijo cogió el testigo de un negocio familiar que dirige con la misma amabilidad y dulzura que quien le enseñó el gusto por el mundo de las joyas.
Claudio Munoa, tercera generación de joyeros, hace suya una frase del decorador Juantxo Múgica para describir cómo después de tantos años ha conseguido no solo mantener la esencia, sino también mantenerse en el tiempo: «cambiar para seguir igual», dice. Su local de la calle Aldamar, aunque estará en obras hasta principios de diciembre, esconde el taller en el que confeccionan de forma artesanal cada joya. Su punto fuerte, apunta, es conservar la personalidad en los artículos y la atención cuidada al cliente. «No me importa que compren una pulsera de 20 euros o una joya de gran valor, el trato a va a ser siempre el mismo». Su amabilidad, dice, «viene de familia» y bromea alegando que «no tengo ningún mérito porque estoy repitiendo lo que me han enseñado». Es consciente de que innovar hoy en día es más complicado que en los años 50 y que juega en un campo con ciertas dificultades. Sin embargo, su formación en Barcelona y París, además de los más de veinte años de experiencia en el taller de la tienda le han servido para dominar cada eslabón de la cadena de montaje. «Lo importante es ofrecer calidad, seriedad y que el cliente al entrar esté seguro».
Puesta en valor
Igualmente profesionales en la buena atención al cliente son los hermanos González, de la tienda BOX, donde indudablemente el tour de shopping también hará un alto en el camino. Gerardo, desde la calle San Martín, Oskar como maestro artesano y Juan Carlos, desde Peñaflorida, continúan con el negocio que inicio su padre a finales de los 40. Los bolsos de mujer son su punto fuerte, como el '8010Y6' que es un icono desde 1980. En ellos, siempre se encuentran «componentes del patrimonio cultural y arquitectónico implícitos en la marca», como por ejemplo, indica Gerardo, con una secuencia de la barandilla de La Concha en un panel de cuero o los tiradores inspirados en los bloques de sillería.
El crecimiento del turismo les ha permitido corroborar el interés que despiertan los artículos con influencias locales entre los visitantes. Iniciaron hace cuatro años su campaña de internacionalización en Japón «bajo la marca BOX San Sebastián». De hecho, (y coincidiendo este fin de semana con la visita de una representación de Marugame, ciudad hermanada con Donostia), en 2011 diseñaron un abanico con el símbolo de la Capitalidad que está expuesto en el Museo del Abanico de Marugame, localidad nipona «productora del 90% de los abanicos de papel de arroz y bambú».
Otro de los comercios que combinan la esencia local con la internacionalización es Irulea. Este establecimiento de ropa de bebé y lencería de la calle Mayor es uno de los clásicos donostiarras fundado hace 83 años por Manuela Barandiaran, pero que saltó a la fama a nivel mundial cuando se tuvo conocimiento de que Carlota Isabel Diana, la hija del príncipe Guillermo y de Kate Middleton, hizo su primera aparición nada más nacer con un conjunto confeccionado en esta tienda de San Sebastián, y que hoy regenta la tercera generación de la familia, Ayago y Susana Villar.
A raíz de aquello tuvieron varios meses en los que las peticiones de conjuntos para bebés eran constantes, «y claro, los hacemos de uno en uno», por lo que la lista de espera con solicitantes que les contactaban desde Japón, Australia, EE.UU. y otros tantos países europeos «era larguísima, de unos dos o tres meses». Ayago sostiene que competir contra las grandes marcas multinacionales «no tiene sentido», porque precisamente «lo que nos hace únicos es, por ejemplo, el bordado de las iniciales en artículos, cuya confección se personaliza de la forma que el cliente desea».
En el refuerzo de la elaboración de lo local, el cambio de hábitos está jugando un papel fundamental. «Se está volviendo a un consumo más intelectual. Hay más información de la moda y se está recuperando el gusto por la calidad en detrimento de la ropa 'de usar y tirar'», señala Contxu Uzkudun, fundadora de la tienda Minimil. Este comercio de la calle Garibay es otro que destaca por tener buena parte de su producción 'hecha en casa', pero también por las líneas de unas prendas inspiradas en la cultura vasca y en Cristóbal Balenciaga. «Trabajamos mucho con el negro, el azul marino, con un colorido y unas formas muy austeras», concreta Contxu. Aunque ligada al comercio de la moda desde los 15 años, abrió las puertas de Minimil en 1975 y hoy son sus hijas Beatriz, en la dirección artística de las tiendas, y Ana, diseñando en el taller, las encargadas de mantener encendida la llama de un negocio familiar que suma ya cuarenta años.
Otro ejemplo sería la perfumería Benegas que hoy regentan la tercera y la cuarta generación -Asun y Charo Benegas y Luis Gimeno Benegas- de una saga de comerciantes que se remonta a 1908. Hace unos años, dieron con la más donostiarra de las fragancias, SSirimiri. «Nos dimos cuenta de que podíamos ofrecer fragancias de todo el mundo, pero ninguna donostiarra y nos pusimos manos a la obra en un proceso creativo precioso», confiesa el benjamín de la familia. De hecho, ha servido al gobierno municipal de obsequio en sus encuentros internacionales, como regalo a actores o actrices del Zinemaldia, además de despertar el interés de muchos turistas que llegan a la ciudad.
Un turismo «de compras»
Desde el departamento de Turismo del Ayuntamiento llevan meses trabajando en el Plan Director que marcará las pautas a seguir desde 2017 hasta 2021, un plan que establecerá las actuaciones relativas a la proyección exterior como destino de moda, pero que también integrará los movimientos que se requerirán a nivel interno para poner en valor las distintas fortalezas con las que ya cuenta la ciudad. Por el momento, aunque pendiente de las últimas pinceladas, dicho documento compuesto «por cinco o seis ejes» incluirá como novedad el turismo de shopping.
Con la meta fijada, Donostia Turismo ahora trabaja en detallar ese punto que marcará parte del camino del nuevo Plan y que se centrará fundamentalmente en «una ruta por los comercios singulares de la ciudad», confesó el edil socialista. El nuevo documento «apostará» por preservar un turismo «de calidad» y en el que «el papel que juegan estos comercios en San Sebastián y su puesta en valor es fundamental. Debemos hacer hincapié en mostrar al exterior aquello que nos diferencia e identifica y, sin duda, ese comercio singular es una clara muestra de la potencialidad que tiene Donostia, además de ser un empuje al emprendimiento», expone. La ruta de shopping, apunta Gasco, «será otro elemento que contribuirá, sin duda, a dar un nuevo empuje al comercio y ponerlo en valor».
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
La chica a la que despidieron cuatro veces en el primer mes de contrato
El Norte de Castilla
Publicidad
Publicidad
Favoritos de los suscriptores
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.