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JAVIER SADA
Domingo, 17 de diciembre 2017
Con carácter extraordinario 'La Calle de la Memoria' dominical abandona el pasado para adentrarse en el futuro a través de un presente todavía reciente. El estreno de la octava entrega de 'Star Wars' puede ser momento oportuno para recordar a veteranos, y hacer saber a los más jóvenes, que fue en San Sebastián, a través de su Festival de Cine, donde la serie fue presentada al mundo con toda clase de parafernalia.
En distintas ocasiones, en estas mismas páginas, Estrella Inchausti, Mitxel Ezquiaga o Mikel G. Gurpegui han dedicado espacios a una efeméride que comenzó allá cuando el 17 de septiembre de 1977, el mismo día que llegó Luis Buñuel, pasearon por San Sebastián, saliendo por vez primera del lejano mundo de los Estados Unidos, los robots procedentes de las galaxias cuya guerra se anunciaba en el título del film que se estrenaba.
R2-D2 y C-3PO, que en las versiones castellanizadas pasaron a ser Arturito (Artuditu en inglés) y Citripio, hicieron las delicias del respetable cuando en los jardines de Oquendo contestaban a cuantas personas se acercaban a ellos formulando las preguntas más extrañas. Los formidables conocimientos de R2-D2 no se debían a una complicada inteligencia artificial, sino a una persona que, micrófono en mano, veía, escuchaba y daba órdenes al robot desde una ventana del teatro Victoria Eugenia. Estrella Inchausti comentaba la expresión, entre sonriente y atemorizada, de la grey infantil que se acercaba a ellos entre las variadas máscaras y maquetas de los personajes que protagonizaban el film.
Carrie Fisher, la Princesa Leia Organa, hablaba para El Diario Vasco sobre el potencial humano de los robots en el fantástico sueño que en aquel momento suponía 'La guerra de las galaxias'. Salvador Pérez Puig ya adelantaba que la película de George Lucas marcaría una etapa antológica, incluso superando a '2001 Una odisea en el espacio', por la erudita combinación de géneros que podía incluir desde Flash Gordon hasta Tarzán soportada por el derroche de técnica e imaginación.
Alfonso Sánchez reducía los problemas de la proyección al que consideraba más importante y de más difícil solución: conseguir una entrada. El palacio del Festival y su satélite del Astoria ofrecían poco aforo para tan galáctica demanda. Eran, entonces, otros cines donostiarras: Principal, Miramar, Savoy, Rex Avenida, Bellas Artes, Pequeño Casino, Amaya, Novedades, Príncipe y Trueba. Ezquiaga se ocuparía, más tarde, de recordar a un Harrison Ford, a la sazón casi desconocido (en La Voz de España le confundieron con Mark Hamill), convertido en un Han Solo que degustó las banderillas donostiarras -lo de 'pintxos' todavía no se llevaba- y Luis Gasca, Secretario General del Festival, no deja de repetir lo impresionante que resultó la idea que surgió junto al productor Gary Kutz para que, como en 'La guerra de los mundos', protagonistas y robots «aterrizaran» en la calle Reina Regente en medio de una gran expectación que fue retransmitida, en directo, por las cámaras de Televisión Española.
Luis Gasca, con quien coincidí hace poco regresando de Bilbao en autobús, todavía recuerda como una locura que terminó bien aquella descabellada operación de programar en un Festival de Cine de clase A una película de ciencia-ficción. «Cuando lo dije en Los Angeles me trataron de loco», por la asociación existente entre «intelectualidad y películas de Festival». Una curiosidad, todo lo expuesto, traída a 'La Calle de la Memoria' para ubicar a nuestra ciudad y su Festival en la órbita histórica de lejanas galaxias.
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