
«Tras la pandemia la gente subió en masa para disfrutar del barrio»
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El Txapela es el único bar que sigue abierto en la plaza del barrio de Igeldo y la sidrería Calonge continúa recibiendo a vecinos y visitantesEl bar Txapela en la plaza de Igeldo y la sidrería Calonge siguen recibiendo a vecinos y visitantes. Son dos de los bares y restaurantes ... que continúan abiertos en el barrio, donde han visto cómo cerraban algunos 'históricos', el último el Mendizorrotz. Dar un paseo por el monte, parar en alguno de ellos a tomar el aperitivo o a comer y después disfrutar de las vistas desde el mirador sigue siendo un plan perfecto.
El Txapela es la única opción que tienen los igeldotarras para tomar algo en la propia plaza. Tras la barra, el encargado Ioritz Galparsoro lamenta que es «una gran pérdida» el cierre del Mendizorrotz. «Algunos podrán pensar que a nosotros nos viene mejor que haya menos competencia, pero la realidad es que cuantos más bares hay más movimiento de personas se produce», explica.
Este verano no ha sido malo para la hostelería de Igeldo. Galparsoro indica que «tras la pandemia la gente subió en masa al barrio porque merece la pena venir a este entorno». Eso también ha provocado que muchos donostiarras y guipuzcoanos hayan regresado durante los próximos meses. Aunque destaca que la pérdida de oferta provoca que «los visitantes dejen de subir porque si hay un par de bares se llenan enseguida».
En el Txapela notan que el pintxo-pote del fin de semana ha bajado. Antes, cuando en Igeldo había varios bares y restaurantes, Galparsoro recuerda que se solían turnar para los cierres. Ahora, pueden coincidir los dos bares cerrados, y el dueño del Txapela considera que «la vida del pueblo se va perdiendo». De todas formas, se resisten a pensar que no hay futuro, todo lo contrario, porque «la gente sigue necesitando un lugar para tomar algo y socializar en una zona tan especial como esta que se escapa de la ciudad».
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A pesar del cierre del Mendizorrotz, otra rama de la familia seguirá atendiendo en Igeldo. Al otro lado de la carretera y con vistas al Cantábrico, la sidrería Calonge está regentada por familiares de Bitortxo y Nekane. Allí, el nieto de Pako Calonge y Dolores Lizarazu, fundadores del Mendizorrotz, continúa ligado a la hostelería junto a su mujer Nerea Arrillaga. «Han sido una referencia y fomentaron el poteo en el barrio», comenta Arrillaga. De todas formas, confían en que esto no suponga una pérdida de clientela y reivindican la visita al barrio en cualquier época del año. «Hay mucha gente que hace rutas por el monte y para aquí para comer o tomar algo. También los que optan por una buena chuleta y visitar el mirador de Igeldo. Venir aquí supone un planazo», opina.
Detrás de la barra recuerdan que a pesar de ser una sidrería, para las 11.30 de la mañana ya están abiertos y que cualquiera puede venir «a tomarse un café o un buen txakoli». Una llamada a los vecinos del barrio que quitando alguna cuadrilla fija, «no se suelen acercar mucho por el local».
El verano ha sido bueno para la sidrería Calonge ya que la pandemia ha impulsado la salida de las ciudades hacia entornos más naturales. Ahora, confían que el puente de noviembre sea igual de provechoso ante un invierno incierto. «Vienen muchas familias porque el barrio tienen parque para los más pequeños y se pueden entretener, pero también se están moviendo otras generaciones», comenta Arrillaga. En el Calonge señalan que los jóvenes cada vez se acercan más y que eso es «un factor fundamental para seguir con el negocio».
Arrillaga cree que los que acudían al Mendizorrotz acabarán apoyándose en la barra del Calonge o del Txapela, «igual que cuando se cerro el Buenavista las cuadrilla que quedaban allí para tomar vinos ahora se sientan en nuestra terraza. Con los demás pasará lo mismo».
A pesar de los continuados cierres, algunos derivados por la falta de relevo generacional, en el Calonge aseguran que todavía les queda cuerda para rato en el barrio de Igeldo.
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