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La inteligencia artificial al alcance de todos, a golpe de clic. Es la revolución que ha desatado ChatGPT, un sistema de diálogo con el ... que se puede interactuar y que crea textos sobre cualquier asunto, desde la ciencia o la música a la actualidad informativa. El debate sobre la capacidad de una máquina para sustituir los conocimientos humanos está servido.
Creada por la empresa estadounidense Open IA, su utilización es sencilla y su capacidad de respuesta, inmediata. Para poder utilizarla, solo hay que registrarse como usuario, de manera gratuita. La plataforma responde a cualquier petición que se nos pase por la cabeza, desde hacer una canción con varias palabras clave, crear un poema o hacer una redacción en cualquier idioma.
Acceso a la información. Se le puede pedir datos de cualquier tema en cualquier idioma.
Diálogo. Ofrece la posibilidad de entablar una conversación por escrito para preguntar sobre la propia información que ha dado.
Inmediatez. La capacidad de respuesta es rapidísima.
Verificación. La información que ofrece no es 100% segura, hay que comprobar los datos
Estudiantes. Su uso con fines fraudulentos obligará a un cambio en la evaluación.
Sustituto. Su capacidad de generar textos propios puede chocar con la creatividad humana.
«Es tener un experto al lado constantemente», resume Ángel Rubio, profesor e investigador del departamento de Ingeniería Biomédica y Ciencias en Tecnun. Este experto está más que acostumbrado a manejarse en entornos de análisis de datos e inteligencia artificial, y no oculta su fascinación por lo que puede ofrecer «inmediatamente» este recurso que aporta información de los millones de datos que tiene almacenados.
Ángel Rubiano, CEIT, Tecnun
«El salto con respecto a otras cosas anteriores es que puedes moldear a tu manera lo que buscas», apunta Gorka Azkune, responsable de interacción humano-máquina del centro Hitz y profesor de Informática de la UPV/EHU. «Te genera cosas nuevas constantemente y puedes conversar con él, plantearle preguntas a sus respuestas. Es una especie de WhatsApp pero al otro lado hay una máquina», apunta Azkune «Tiene capacidades impresionantes y capacidad de mejora. Pero es la primera vez que el usuario puede hacerse una idea de hasta dónde se puede llegar. Nos toca aprender a convivir con ello», reflexiona.
Ángel Rubio lleva utilizando este sistema desde hace más de un año. Suscrito a su versión de pago, está sorprendido de cómo ha evolucionado en este tiempo. «En la última actualización, que lo ha hecho abierto para todo el mundo, el salto ha sido increíble», comenta. «Lo del coche fantástico está totalmente superado», comenta para aquellos cuyo imaginario de insuperable se quedó en el vehículo parlante que pilotaba Michael Knight. «Cuando empecé me parecía una curiosidad, lo que hay ahora es increíble», recalca. «Sobre cualquier tema, cualquier experto, cualquier idioma».
Gorka Azkune, centro hitz upv
Azkune intuye el motivo por el que la empresa Open IA ha decidido abrir la mano a su uso masivo. «Quieren que la gente utilice sus sistemas para tener la opción de valorar si la respuesta que ofrece es buena o no y poder mejorar en base a los datos que recopilan», explica. Este profesor de la UPV no lo ha utilizado más que para saciar su curiosidad pero tiene colegas que lo usan «con fines prácticos», como por ejemplo, «le preguntan cómo programarían una función que hace esto y te pone el código», cuenta.
Rubio no oculta que utiliza ChatGPT en su día a día para facilitarle sus tareas como investigador y docente. «El otro día puse un ejercicio en la asignatura de genómica a mis alumnos que tenían que predecir si un cáncer es especialmente grave o no. Yo tenía que recoger sus datos y ordenarlos en función de distintas variantes», cuenta. «La verdad es que me atasqué un poco así que escribí a ChatGPT: tengo una tabla con estos datos, me gustaría que ordenaras y escribieras el código de cómo extraer los datos y ver el mejor resultado de cada alumno ordenado por fecha», sigue. «Y me escribió el código». ¿En cuánto tiempo? «Inmediatamente».
Tiene más ejemplos. «Me dedico a escribir artículos así que le pido que me haga una introducción en la que indique por qué un aspecto es importante para la biología computacional», detalla. «Y me hace un texto perfecto». «O que me diga si hay un artículo que relacione tal gen con una enfermedad». El menú es infinito.
La lista de ventajas de su uso puede llegar a ser infinita al mismo tiempo que crece la de inconvenientes. «Es una herramienta muy útil. ¡Vaya si lo es! Todo depende del uso que se le dé, como todo en esta vida», defiende. En el entorno universitario los primeros usos negativos que vienen a la mente son los que puedan aliviar el trabajo de sus alumnos. «Ya hemos tenido algún estudiante que lo ha utilizado para presentar unas conclusiones en un examen donde se permitía utilizar todos los recursos que permite un ordenador. Y nos dimos cuenta porque no era el estilo habitual de un alumno», señala. «Esto es como todo, puedes tener al experto contigo pero, aparte de que él tenga buenas explicaderas, tú tienes que tener buenas entendederas», manifiesta. «De momento, entre nuestros alumnos no está muy extendido su uso, pero ya tengo trabajos que huelen a ChatGPT».
La posibilidad de que los alumnos puedan recurrir a este sistema para realizar sus trabajos está ahí. «Tendremos que cambiar la forma de evaluar», indica Rubio que advierte de que «en edades tempranas» puede ser «muy difícil de controlar su uso». Esa dificultad radica en que es complicado detectar que un texto está hecho por la página web. «Nosotros obligamos a nuestros alumnos cuando presentan un trabajo a pasarlo por un sistema que detecta si ese mismo texto o muy parecido está en la red. Pero estos documentos no los detecta», cuenta.
El propio sistema tiene una herramienta para detectar la probabilidad de que lo haya generado él mismo. «Pero se le puede hacer trampas a sí mismo», explica Rubio. «Le puedes pedir que haga un texto con dos faltas de sintáxis, una de ortografía y con dos hechos falsos, por ejemplo. Entonces le es más complicado comprobar que él mismo lo ha hecho».
Por el momento no parece que los estudiantes guipuzcoanos de Bachillerato o de Secundaria estén haciendo uso de esta página web para evitar realizar sus tareas. Este periódico se ha puesto en contacto con directores de varios institutos y centros de enseñanza para saber si había llegado a sus aulas. La mayoría no tienen constancia de que así sea aunque se muestran convencidos de que si a ellos les ha generado curiosidad, ChatGPT «estará entre ellos», los estudiantes, porque en materia de avances tecnológicos saben que «el alumnado va por delante» de sus propios profesores.
Preocupa a su vez la verificación de la información. Azkune reconoce que «no siempre acierta en las respuestas que ofrece» y eso obliga a estar atento. Rubio va más allá. «No hay manera de hacerlo porque recoge y ofrece lo que está en Internet. Puedes crear campañas de difamación con un potencial bestial y no saber si está escrito por la máquina o por alguien».
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