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¿Se alimentan bien los jóvenes vascos? ¿Quién planifica los menús en casa? ¿Fruta y bocadillo o bollería industrial para el hamaiketako? Sobre todas estas ... cuestiones han reflexionado durante seis meses un total de 500 familias vascas y 20 centros educativos de Euskadi a través del proyecto Elikation, que busca mejorar el modelo de alimentación de los niños. A través de encuestas y diferentes acciones en torno a los hábitos alimentarios en colegios y hogares, se ha llegado a varias conclusiones: que casi tres de cada diez familias (el 28%) no están satisfechas con la alimentación que siguen, situación que en su mayoría achacan a la vorágine del día a día y la falta de tiempo. Además, en dos de cada diez hogares consideran una carga tener que cocinar. Otro de los datos que arroja este extenso trabajo de investigación, impulsado por la empresa Askora y la Diputación Foral de Gipuzkoa, es que en la mayoría de los hogares vascos (81%), la mujer es la encargada de decidir el menú y la participación de los jóvenes en la cocina es «mínima». El informe también constata cómo la preocupación de los padres en torno a lo que comen sus hijos va disminuyendo a medida que se hacen mayores, siendo «muy alto» ese interés en la etapa de guardería y «muy bajo» en la etapa de bachiller. Asimismo, los progenitores admiten que el fin de semana se descuida más la alimentación y se consumen productos más «insanos».
Estos resultados se presentaron ayer en Donostia coincidiendo con el Día Nacional de la Nutrición, en un acto en el que participaron Sebas Zurutuza, director de Estrategia de la Diputación de Gipuzkoa; Sergio Fernández, responsable de Salud Pública del Ayuntamiento de Donostia; Iratxe Casado, responsable de Innovación de Askora, además de diferentes representantes de centros escolares que han impulsado el proyecto, el centro Jesuitak Donostia y la ikastola San Fidel de Lazkao. Todos ellos han coincidido en la importancia de potenciar la colaboración entre los centros educativos, los hogares y los propios jóvenes para lograr una alimentación adecuada. La cuestión es, ¿lo estamos haciendo bien? Según responde desde Askora Iratxe Casado, «en general, sí, todos lo estamos haciendo lo mejor que sabemos. ¿Es suficiente? Pues no; eso queda bastante lejos del compromiso que hay que tener con la alimentación, porque hoy en día, la mirada es muy completa, no es solo una mirada nutricional, estamos hablando de consumo, de despilfarro... ¿En qué podríamos mejorar? Creo que en la toma de conciencia. Hay que ayudar a los chavales a que se alimenten de manera consciente y saludable y para ello, también hay que ayudar a su entorno, a las familias y a los colegios». De hecho, solo el 40% de las familias dicen que animan a sus hijos a elegir opciones más saludables, concienciándoles sobre la salud e instaurando hábitos saludables desde pequeños. Además, se ha constatado que «cuando las familias tienen hijos pequeños hay un mimo, un cuidado a la alimentación, y luego, seguramente por las etapas por las que pasan, eso se va flexibilizando», afirma Casado, si bien esta toma de conciencia «ha mejorado» entre quienes han participado en el proyecto. «Son más conscientes de lo que pasa en su casa». En este sentido, el proyecto ha contado con un experimento presencial con 10 familias vascas, a las que se les han propuesto distintos retos vinculados con la alimentación, como enseñar su nevera o cocinar diferentes recetas que han ido documentando a través de vídeos. «La idea era entrar en sus casas sin hacerlo para obtener información de qué pasa en esas cocinas».
Otro de los aspectos que ha salido a relucir durante la investigación es en quién recae la responsabilidad de educar al alumnado sobre lo que come. El informe revela que el 55% de los profesionales de los centros educativos considera que esta labor es en un 25% del centro escolar y en un 75% de las familias. El responsable de Servicios de Jesuitak, Gorka Arranz, afirma que «el colegio tiene su responsabilidad» en la alimentación de los alumnos. «Hay que partir de esa premisa. Al final son 175 días del año que comemos en el centro escolar, casi la mitad de los días del año. Obviamente no se llega a un tipo de comida cocinada en casa, nosotros damos en torno a 1.000 comidas al día, pero se intenta garantizar que las cosas sean lo que tienen que ser».
Por otro lado, uno de los puntos que «preocupa» es que los jóvenes participan «poco o nada» en la tarea de cocinar, y en el mejor de los casos, se limitan a preparar el desayuno (41%) y la merienda (37%). Iratxe Casado ve «preocupante» que en los hogares «todavía la alimentación está en manos de una persona. Lo ideal es que la alimentación recaiga en toda la familia, cada uno con sus responsabilidades en la medida que pueda. Hemos echado en falta un mayor protagonismo de los niños en torno a su alimentación». Una de las razones por las que los menores no se remangan en la cocina es la vorágine del día a día. La responsable de innovación de Askora explica que «las familias necesitan velocidad a la hora de preparar la comida o la cena, hacer la compra... Todo va muy rápido y seguramente no tomamos ese tiempo de calidad para que los niños y niñas se puedan sumar a esa tarea». Otra de los consecuencias de este ritmo frenético en el que están sumergidas muchas familias tiene un efecto directo en la cesta de la compra. Así, un 28% de las familias vascas afirman que no están satisfechas con su alimentación.
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