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ANTXON ETXEBERRIA
ZARAUTZ.
Viernes, 10 de agosto 2018, 06:26
María Nieves Ochoa de Angiozar es una de las mujeres más longevas de Gipuzkoa. El pasado domingo cumplió nada menos que 106 años. ¿Cuál es la receta? «Trabajar mucho», bromea ella, durante el paseo que como cada tarde dio ayer en Zarautz junto a sus hijas.
Nacida en Elgeta en el año 1912 en el caserío Garaikoetxea, desde que se casó reside en la calle Santa Marina de la localidad costera, junto a sus hijos José Ramón, Arantxa y Amaia. Se casó el 12 de octubre de 1935 en Arantzazu con el zarauztarra Pedro Azpiazu Goya. Al año siguiente, en pleno comienzo de la Guerra Civil nació su primer hijo, «pero como nuestro padre era nacionalista tuvo que huir y después estuvo preso», recuerdan sus hijas. Al no saber nada de él y «recién dada a luz» se fue con su bebé al caserío de Angiozar buscando la ayuda familiar y pensando que allí estaría más segura. Tras reencontrarse con su marido tuvo cinco hijos más.
A María Nieves le encanta el olor a rosas, y por eso ayer el rincón para pasear fue el parque de La Rosaleda. Pero sus hijas también le suelen llevar, en su silla de ruedas, por el malecón, por el barrio de Salbide o por cualquier otra zona de Zarautz. También le gusta asistir a misa, normalmente a la celebración de las 19.30 horas en la iglesia de Los Padres Franciscanos. Sus hijas reconocen que «goza, gracias a Dios, de bastante buena salud». Y aseguran que «cuando le preguntan a ella cuál es la receta para llegar a esa edad, contesta bromeando que es trabajar mucho».
De apetito tampoco anda mal y come de todo; «todo está rico», suele decir, pero ante todo «es de fácil conformar», reconocen sus hijas. Arantxa y Amaia aseguran que «tiene un carácter muy bueno; no ha sido de quejarse, siempre conforme con casi todo y eso confiere tranquilidad en el día a día».
Las hijas de María Nieves indican que tiene «la cabeza en su sitio», aunque como es lógico a esa edad, las facultades van poco a poco mermando. «Cuando ve gente que no es de casa se suele poner algo nerviosa», indican. «Nuestra madre además de todo el trabajo que conlleva la casa, siempre sacaba tiempo para hacernos los jerseys, cosernos la ropa, hacer de enfermera... Siempre dispuesta a ayudar a todos con una sonrisa».
María Nieves se quedó viuda con 51 años tras la «muerte repentina» de su marido y aunque pensó que nunca lo podría superar, lo consiguió. «Siempre ha tenido mucha fe», señalan sus hijas. Llegar a esa edad con salud es una «bendición». «Claro que tiene achaques. No oye bien, va con el sonotone; tiene las caderas operadas, pero nos arreglamos perfectamente con la silla». De noche suele despertarse, «pero de día la dejamos que duerma». Por eso, ahora van a misa de tarde, aunque no todos los días. «Es una gozada», agradecen sus hijas por poder compartir tantos años con ella.
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