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Los expertos de la Fundación ANAR, gestores de los principales teléfonos de ayuda a la infancia en España, han dado hoy la última voz de alarma a familias, educadores y autoridades sobre el alto riesgo del uso descontrolado e inadecuado de móviles, chat y redes sociales que hacen buena parte de los niños y adolescentes españoles.
El mal uso propio o por terceros de estas tecnologías digitales está detrás de más de la mitad de los casos de violencia o de trastornos emocionales o psicológicos que sufren los chicos españoles. Es la conclusión central del estudio, elaborado con el análisis detallado las 11.164 peticiones de ayuda de menores o de sus familias recibidas a lo largo de un año en los teléfonos y chat de ANAR.
El abuso o el uso inadecuado (e incluso delictivo) de las pantallas digitales está en el origen directo o en el agravamiento del 56% de las situaciones por las que piden auxilio los menores, en su mayoría de gravedad alta. El mayor peso del factor tecnológico, del 100%, se da en los casos en los que es la propia herramienta clave para ejercer la violencia, como en el ciberacoso escolar o sexual, el 'sexting' (difusión no consentida de imágenes sexuales), el 'grooming' (la búsqueda de favores sexuales con engaños por pederastas) o el propio drama de la adicción digital.
Su presencia como agravante de toda clase de agresiones o problemas mentales se da en seis de cada diez ocasiones. Es parte en el 88% de las situaciones de violencia, pornografía o prostitución, en el 77% de los casos de violencia de género, en el 64% de las marchas del hogar, en el 75% de las desapariciones o el 61% de los maltratos psicológicos. Pero también es determinante en 64% de los problemas de conducta, en el 62% de las ideaciones o intentos de suicidio o en 54% de las autolesiones
El análisis de ANAR permite dibujar el perfil de la víctima tipo, de la más afectada por ataques o problemas espoleados por las tecnologías. Se trata de una chica (64% ocasiones) con una edad una media de 12,5 años, pero con casos más frecuentes sobre los 14 años (algo mayor en situaciones de ciberacoso y 'grooming'). En el 58% de ocasiones perteneciente a una familia monoparental y en el 60% de casos está sujeta a custodia compartida. Suele tener un bajo rendimiento escolar y está a disgusto en el colegio o instituto, sobre todo cuando sufre ciberbullying, adicción o 'sexting'.
No son casos leves, sino todo lo contrario. Los técnicos le asignan un nivel de gravedad alto al 80% de las llamadas y al 72% le dieron tramitación urgente. Tampoco son dramas ocasionales. El 65% de estas situaciones se prolonga durante más de un año y en el 71% de casos los hechos se repiten a diario. Esta cronificación, indican, está directamente relacionada con la falta de intervención temprana, el silencio que rodea muchas de estas situaciones y la normalización de ciertos comportamientos en el entorno digital.
Que tres de cada cuatro casos atendidos son graves, urgentes y complejos lo demuestra también que requieren orientación psicológica, jurídica y social de forma simultánea. Y otro dato alarmante, hasta que telefonean, el 60% de estos chicos con serios problemas no recibe atención psicológica alguna. «La conducta suicida está presente en todos los tipos de problemáticas vinculadas con las tecnologías, ya sea de forma directa o indirecta. Nos estamos encontrando con menores que viven situaciones extremas en soledad, sin atención profesional, sin acompañamiento emocional, sin una supervisión en el uso adecuado de la tecnología y sin saber cómo pedir ayuda», alerta Diana Díaz, directora de las líneas de ayuda ANAR.
El análisis concluye con más de un centenar de recomendaciones, entre las que la principal y más urgente es la exigencia a todas las instituciones y partidos para que aprueben la ley de protección a los menores en entornos digitales que acaba de mandar el Gobierno al Congreso. A las familias les piden normas claras para el uso de la tecnología por parte de sus hijos y límites, implicación y acompañamiento en el día a día. A la escuela, impartir educación digital y afectivo-sexual desde edades tempranas y contar con un profesorado bien formado, y a las empresas tecnológicas les reclaman una mayor responsabilidad ética en el diseño de contenidos y mecanismos de recompensa, la implementación de canales de ayuda y filtros eficaces y que prioricen el interés superior del menor en todas las decisiones que afectan al entorno digital.
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