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Durante nueve días ininterrumpidos, cada año Pamplona se convierte en el epicentro mundial de la fiesta por San Fermín. Desde el lanzamiento del Chupinazo a las doce del mediodía del seis de julio hasta la medianoche del día catorce, la capital navarra se sumerge en jornadas enteras de celebraciones, alegría, encierros, música y reuniones familiares en las que propios y ajenos disfrutan del ambiente que reina en la ciudad.
Si bien en un primer momento las fiestas de San Fermín tenían lugar en el mes de octubre, fue en 1591 cuando por primera vez los pamploneses salieron en verano a las calles para celebrar en honor a su patrón. Desde entonces, los Sanfermines se asentaron en las fechas que todavía ocupan en la actualidad añadiendo a su programa con el paso de los años nuevos actos y protagonistas y que a partir de la publicación del título 'Fiesta' de Ernest Hemingway en 1926 sumaron también una fama internacional incontrolable.
Un interés global por las fiestas de una pequeña ciudad que apenas alcanzaba los 40.000 vecinos por aquel entonces que cambiaron para siempre San Fermín y Pamplona.
No obstante, a pesar de su popularidad y los miles de titulares, páginas, libros y documentos sobre ellas, algunas historias relacionadas con las fiestas de San Fermín todavía permanecen alejadas del radar como ha sacado recientemente a la luz un amplísimo trabajo de la Universidad de California en Los Angeles que ha catalogado, editado y publicado numerosas imágenes y grabaciones inéditas pertenecientes al fondo documental y archivo del magnate de la prensa William Randoph Hearst.
Fotografías y vídeos de alrededor de medio mundo que han permitido recuperar imágenes inéditas de la Guerra Civil Española o del «huracán» que azotó los muros de San Sebastián en 1953 y entre las que también se resuelve una incógnita relacionada con los primeros Sanfermines suspendidos de la historia.
En concreto, se trata de los Sanfermines de 1937, cuyos actos oficiales se suspendieron en Pamplona con motivo de la contienda pero que sí se celebraron a decenas de kilómetros de la capital navarra al otro lado de la frontera.
Así, aunque hasta ahora se tenía conocimiento de que en los frentes de la guerra algunos pamploneses sí llevaron a cabo actos en honor al patrón, como una corrida de toros organizada por requetés en el frente de Somosierra, las imágenes recuperadas del fondo documental de Hearst muestran ahora una secuencia de vecinos de Pamplona exiliados en Baiona celebrando San Fermín.
«Ciudadanos de Pamplona desplazados a Baiona por la Guerra Civill celebran sus famosos festejos con toros», se narra en una secuencia en la que se observa a un numeroso grupo de mozos torear a una vaquilla en un parque de la localidad en la que no faltan las tradicionales pelotas hinchables de los festejos sanfermineros. «El toro no sabe si juega a fútbol o baloncesto. Touchdown para el toro», comenta el locutor en el momento en el que un joven es embestido por el animal.
Unas imágenes que demuestran que a pesar de las dificultades, inconvenientes y circunstancias todos los pamploneses tienen marcado en rojo en el calendario ese lapso de tiempo del año en el que las fiestas de San Fermín se convierten en el centro de sus vidas durante nueve jornadas, alejadas del ritmo real del resto de su existencia.
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