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Agencias
Barcelona
Martes, 1 de abril 2025, 17:20
Fátima Ofkir, de 25 años y originaria de L'Hospitalet de Llobregat, aterrizó en España el pasado domingo tras pasar siete largos años en una prisión de Omán acusada de tráfico de drogas. Su liberación se produjo gracias a la tradicional amnistía concedida por el país árabe con motivo del fin del Ramadán, una medida que puso fin a una condena de cadena perpetua impuesta en 2018, cuando Ofkir tenía tan solo 18 años.
En una emotiva rueda de prensa celebrada este martes en la sede del Colegio de la Abogacía de Barcelona, Fátima Ofkir compartió su experiencia, explicando que confió de «manera ciega» en las falsas amistades que la llevaron a cometer un error del que siete años más tarde ha aprendido. La joven quiso expresar su profundo agradecimiento a sus abogados por conseguir su indulto, reconociendo que fue un «trabajo arduo donde se agotaron todas las vías» y que finalmente culminó de la mejor manera. «Os debo mi vida y mi segunda oportunidad», fueron sus primeras palabras ante los medios.
Ofkir relató cómo en estos siete años aprendió mucho de su travesía en un país totalmente ajeno a su cultura. A pesar de tener madre española y padre marroquí, reconoció la dificultad de seguir la cultura omaní en la prisión de Mascate. En sus momentos de desesperación, llamaba a su abogada Mònica Santiago pidiendo ayuda para lidiar con una situación que la sobrepasaba, llegando incluso a plantearse «acabar con todo». «La soledad y el miedo se convirtieron en compañeros de celda, pero cuando peor estaba cuando me planteaba acabar con todo, surgió una luz en todos vosotros [sus abogados], que vistéis más allá de mi error», confesó emocionada. En la celda donde vivió, su única compañía fueron «la soledad y el miedo».
La joven, que habla siete idiomas y tiene la firme intención de estudiar derecho, explicó que en un momento complicado de su vida se dejó «seducir por el dinero fácil y de las promesas vacías de quienes se hacían llamar amigos, en mi ingenuidad y en mi conciencia de juventud caí en la trampa». Este error la hizo vivir en un «infierno» en un país lejos de España. Ahora, en cambio, ha llegado a España sintiéndose una «joven liberada, una persona transformada» que no ha parado de agradecer la labor de sus abogados, así como de los medios de comunicación, pues considera que gracias a la repercusión de su caso ha podido salir del país. «Gracias a cada uno de quienes han puesto un granito de arena para que pueda salir de la cárcel», afirmó. «Si no fuera por todos vosotros, no tendría una segunda oportunidad en la vida», expresó.
Fátima reconoció el daño que ha producido su encarcelamiento en Omán y prometió aprovechar esta segunda oportunidad que le da la vida. «Prometo no desperdiciar esta segunda oportunidad y hacer de ella un servicio para la sociedad, quiero dedicar mi vida a ser un ejemplo para todos los jóvenes que están perdidos, quiero mostrarles que el camino fácil siempre conduce al abismo, las falsas amistades solo traen dolor, que el verdadero valor reside en la honestidad y en construir con esfuerzo un futuro con las manos limpias. Para todos los jóvenes que me escuchan les digo que no se dejen engañar por las promesas vacías», explicó.
Y avanzó un lema que va a repetir constantemente a partir de ahora: «Hoy renazco con el corazón lleno de gratitud y la mente clara, prometo honrar esta segunda oportunidad», recalcó. «Todos merecemos la posibilidad de rehacer nuestro futuro», aseguró. «He comprendido el daño que me he causado a mí misma y a mi familia, y no desaprovecharé esta segunda oportunidad», añadió. «Las falsas amistades crean solo un profundo dolor», subrayó, para después aconsejar a todos jóvenes que «no se dejen engañar con las promesas vacías y el dinero fácil. Que busquen a sus verdaderos amigos, a las personas que les quieren de verdad». «Quiero ayudar a cada joven de España que esté perdido y que no sepa en quién confiar», recalcó.
El viaje a Omán en 2018 marcó el destino de su vida. Según defienden sus abogados, Fátima viajó captada por una red de narcotraficantes para transportar un cargamento de morfina. Sin embargo, se arrepintió en el hotel donde estaba la droga y fue descubierta con el material en la habitación, lo que llevó a su encarcelamiento. «Me dejé seducir por el dinero fácil y cometí un error que me llevó a vivir un infierno», explicó Ofkir. Sus amigas comentaron que la familia de Fátima estaba a punto de ser desahuciada, lo que la llevó a aceptar la propuesta de viajar a Omán a cambio de dinero. «Estuve en una situación complicada de problemas en la familia a la que se le juntó la edad y las malas influencias. La Fátima de antes quería ser alguien que no era», se sinceró, bromeando incluso diciendo que «era una Fátima perdida que pensaba que se comería el mundo y que solo se ha comido el pan de Omán».
La directora ejecutiva de Vosseler Abogados y abogada de Ofkir, Mònica Santiago, calificó el proceso de su liberación como un «juego de malabares». Explicó que Ofkir tuvo momentos en prisión en los que se planteó «pedir la ejecución» y que solo podía hablar con ella cada 10 o 15 días durante un minuto o minuto y medio. «Se ha trabajado mucho para darle a cada llamada alguna esperanza, alguna noticia», añadió, criticando la labor del anterior letrado que, según ella, no hizo el trabajo correctamente al no presentarse prácticamente a ninguna de las 15 vistas. Preguntada sobre si ese delito hubiera comportado cárcel en España, dijo que no o quizás un tiempo inicial, y criticó que la información inicialmente dada no era del todo correcta: «Ella no transportó ninguna droga. Ella se encontró en una habitación de hotel con una mochila con droga, que ella pensaba que eran explosivos y, por eso, decidió no hacerlo y empezó a enviar mensajes a su contacto en Omán diciendo que no haría esto».
Junto a Fátima compareció Baltasar Garzón, quien viajó a Omán con el empresario Antonio Sagnier para visitarla en prisión. Garzón aseguró que el delito de Fátima en España habría supuesto como mucho cuatro o cinco años de cárcel, calificando de «totalmente injusta» su condena a cadena perpetua. En prisión, Fátima aprovechó para acabar el bachillerato y comenzará la carrera de Derecho en una universidad de Barcelona en septiembre. «Quiero entrar a Derecho para luchar como lo han hecho ellos por mi», afirmó. Garzón destacó la fuerza vital de Fátima a pesar de la extrema necesidad que la llevó a la situación, resaltando su dominio de siete idiomas.
El ministro de Exterior, José Manuel Albares, agradeció al sultán de Omán su humanidad y gesto de amistad hacia España por permitir la excarcelación de Fátima. Las gestiones realizadas en los últimos cuatro años por Mònica Santiago, Antonio Sagnier y Baltasar Garzón, junto con las gestiones diplomáticas del ministerio de Asuntos Exteriores, fueron cruciales para lograr el indulto. Antonio Sagnier relató que en España la pena no habría superado los cinco años de cárcel y que viajó a Omán con Baltasar Garzón y un representante de la Comisión Islámica de España.
El decano del Col·legi de l'Advocacia de Barcelona, Jesús Sánchez, recibió a Fátima antes de su comparecencia pública y le ofreció las puertas de la biblioteca del colegio para sus futuros estudios de Derecho. Anunció también que se concederá una medalla institucional a la abogada Mónica Santiago.
«Te crees que son tu familia, pero te llevan al infierno», señaló Fátima sobre las malas influencias. Con un discurso medido, anunció su próximo plan de estudiar Derecho para «ayudar a la gente del mismo modo que me han ayudado». Lo primero que hizo fue pedir perdón, arrepentida por un «error de juventud» al dejarse seducir por el «dinero fácil». Su paso por el penal de mujeres de Mascate fue complejo, con libertades muy limitadas y costumbres diferentes. «Aquí tenemos libertad de expresión y allí todo es más reducido. La soledad y el miedo se convirtieron en mis compañeros y me planteé acabar con todo», compartió. Su caso llegó a manos de Mónica Santiago, quien con sus palabras de ánimo, «una mica més, una mica més», la ayudó a seguir adelante. En prisión se dedicó a leer libros de psicología y a aprender idiomas.
Esta experiencia, dice Fátima, la ha convertido en una persona «transformada» y ahora quiere ser un ejemplo para otros jóvenes. «Cuando somos jóvenes pensamos que nos comeremos el mundo, pero yo me acabé comiendo el pan de Omán. Yo me creía guay, pero estaba perdida. Me alejé de los amigos y me junté con las malas influencias creyendo que eran mi apoyo y mi familia. Y ese fue mi error. No te das cuenta, pero te llevan al infierno», reflexionó. Ahora, su objetivo es dedicar su vida a ser un ejemplo, recordando que «el camino fácil siempre lleva al abismo y los jóvenes no deben arriesgar su futuro por un espejismo».
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