«Recuerdo la sensación del tubo y las voces de las enfermeras»
Verónica del Barrio ·
Después de cinco semanas en la UCI, esta vecina de Urretxu recapitula uno de los episodios «más duros» de su vida. «Cuando vi que mis pulmones no respondían tuve miedo a morir»
Box 17, cama A. Intubada, la mayor parte del tiempo inconsciente y en combate abierto entre la vida y la muerte. Así transcurrió durante cinco semanas la vida de Verónica del Barrio en la UCI del Hospital Universitario Donostia. Esta mujer de 41 años, vecina de Urretxu, sobrevivió al Covid tras contagiarse el pasado noviembre en una comida familiar y después de más de un mes en intensivos y otras tres semanas en planta, se recupera en casa de sus padres tratando de dejar atrás este «duro» capítulo del que tan solo guarda imágenes desordenadas en su cabeza.
Según relata, «tengo 'flashes' momentáneos. Me acuerdo de abrir los ojos cuando me pinchaban la adrenalina y mi cuerpo reaccionaba; de ver mucha gente a mi alrededor. La sensación del tubo en la boca. De estar tumbada boca abajo. De conversaciones de enfermeras y auxiliares a mi alrededor y de gente que me agarraba la mano y me daba ánimos. También en la ambulancia, antes de que me ingresaran, fui consciente unos segundos de que estábamos quietos». El vehículo no avanzaba porque a Verónica tuvieron que reanimarle varias veces antes de trasladarle al hospital, primero al comarcal de Zumarraga y después a Donostia dado su estado crítico.
Fueron sus padres quienes dieron la voz de alarma al 112 el pasado 20 de noviembre «porque no les cogía el teléfono y normalmente hablo con ellos a diario o suelo ir a su casa a comer pero ellos no podían salir de casa porque también habían dado positivo en Covid y tenían que guardar la cuarentena. Se empezaron a preocupar». Y con razón. Los equipos de emergencia que se desplazaron hasta su domicilio la encontraron inconsciente en la cama. «Recuerdo que ese día me encontraba muy cansada y solo quería dormir y dormir. Y ese sueño fue lo peor. Los pulmones se me fueron cerrando aunque yo no me daba cuenta porque no tenía esa sensación de ahogo», explica.
Vídeo. Verónica del Barrio relata su testimonio de estancia de cinco semanas en la UCI
Ainhoa Múgica y Borja Luna
La madrugada del 22 de noviembre ingresó en la UCI, un lugar donde Verónica recuerda que tuvo «muchos sueños. Soñaba con mi familia». Conectada a un respirador, comenzó una rigurosa carrera de fondo contra el virus hasta que semanas más tarde despertó por fin. «Me quitaron el tubo y empecé a hablar, me hicieron una serie de preguntas, cómo me llamaba, dónde vivía y si sabía qué día era. Les dije que sería finales de noviembre pero era 13 de diciembre. Me quedé blanca», cuenta esta mujer, cuya enfermedad se volvió a complicar a los dos días y «entonces sí que tuve miedo a morir, lo pasé muy mal porque ya estaba consciente y veía que mi cuerpo, mis pulmones, no respondían. Era toser y toser, no me entraba el aire hasta que me hicieron una traqueotomía y a partir de ahí ya fue otra cosa. Por fin podía respirar».
Entre aplausos
Verónica abandonó la UCI el 28 de diciembre «muy emocionada» entre lágrimas y aplausos del personal sanitario, del que solo tiene palabras de agradecimiento. «Estar en la UCI es muy duro, estás sola, entre esas paredes y tener alrededor a personas que hasta te traen una radio para que escuches música… alivia», se sincera.
Ahora le quedan por delante meses de tratamiento de rehabilitación para intentar disminuir las secuelas que el coronavirus ha dejado en ella y que no se conviertan en crónicas. Ni sus piernas ni sus brazos, tampoco sus pulmones, le responden aún como deberían y aunque nota mejoría, está ansiosa por recuperar su independencia. «La capacidad pulmonar todavía no está bien y por dentro tengo todo disparado: la tensión, el azúcar, tengo anemia, las proteínas bajas… un panorama importante, pero voy mejorando y los médicos me han dicho que es cuestión de tiempo», comenta esperanzada y con fuerzas para «mirar hacia adelante. Este episodio va a vivir conmigo toda la vida, será un recuerdo para siempre, pero lo he pasado e intento ser positiva».
Sus horas más amargas parecen haber terminado y aunque «duerme bien y sin pesadillas» lo que sí le revuelve son «los negacionistas que van sin mascarilla por la calle, diciendo que esto es mentira y eso de que los hospitales están llenos también. Ni te imaginas la rabia que da tener que escuchar eso después de cómo lo he pasado y cómo está el personal sanitario».
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