
«Que un paciente te diga 'Sálvame por mis hijos' es muy duro»
Sara Etxeberria ·
«Es imposible acostumbrarse a tanta muerte», dice esta enfermera de UCI sobre los efectos de una pandemia que le provoca «altibajos emocionales, ansiedad y pesadillas»Secciones
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Sara Etxeberria ·
«Es imposible acostumbrarse a tanta muerte», dice esta enfermera de UCI sobre los efectos de una pandemia que le provoca «altibajos emocionales, ansiedad y pesadillas»Eterno. Así se le está haciendo el último año a Sara Etxeberria. Desde el 28 de febrero de 2020, fecha del primer positivo por SARS-coV-2 en Gipuzkoa, «se me pasan los días y las semanas de una forma muy lenta», reconoce esta donostiarra de 24 años. Enfermera graduada en 2018, ni en sus peores sueños pensó que se iba a tener que enfrentar siendo tan joven a una pandemia tan destructiva. Ahora sus sueños se han convertido en pesadillas. Es la consecuencia directa de enfrentarse día a día, durante 12 meses, a la muerte desde su puesto de trabajo. Es enfermera en la UCI del Hospital Universitario Donostia. «He visto fallecer por Covid-19 a muchas personas, todas la semana lo hacen. Y es algo a lo que es imposible acostumbrarse. Sé que es una posibilidad que puede darse en el desempeño de mi trabajo pero yo no me acostumbro. Es imposible», señala.
Si el desenlace fatal por padecer este coronavirus ya es trágico de por sí, el proceso que lleva al deceso a los pacientes más críticos hace especialmente duro ese final. «El proceso ha sido muy duro por ver las condiciones en las que han fallecido tantas personas. Eran pacientes que estuvieron mucho tiempo aislados. Durante la primera ola no tenían visitas y estaban completamente solos hasta la hora de la despedida, cuando sí podían venir los familiares. Desde la segunda ola, sí que se puede venir de visita y los familiares ven a los pacientes». Explica que, en general, «esos son momentos muy tristes. Las familias ven a través de un cristal al ser querido, y lo hacen sin pasar de una determinada distancia. Es muy triste, me destroza el corazón ver cómo se encuentran a los pacientes más graves, intubado, boca abajo... He visto a muchas familiares llorando, tirados en el suelo... durísimo. Y cuando hay que despedirse de esos pacientes que van a fallecer por Covid-19, lo mismo, son momentos muy duros».
La acumulación de recuerdos, sonidos, caras y gestos no los puede olvidar esta enfermera en el trabajo. «La mochila y la carga me las llevo a casa», reconoce. Y es entonces cuando las pesadillas se apoderan de hasta sus sueños. «Este año está siendo mucho más complicado a nivel psicológico que físico. Mucho más. Lo físico es del cansancio y agotamiento que tengo pero lo mental es más complicado de gestionar. Emocionalmente tengo muchos altibajos, de repente lloro sin más, tengo mucha ansiedad y tengo pesadillas. No duermo bien, sueño con la UCI, con los pitidos de las máquinas, los pacientes... no desconecto ni dormida». Esta situación, que bien podría requerir ayuda profesional como ella misma sabe, la soluciona con terapia basada en el cariño y amor de sus seres más queridos. «Las personas que me quieren, me ayudan a desahogarme».
Este año de pandemia ha borrado todas las certezas y demostrado que las situaciones de riesgo pueden darse de la noche a la mañana. Una de las que más asusta es acabar en la UCI por Covid-19. Un estado de máxima gravedad. Los pacientes lo saben perfectamente. Saben que se enfrentan a la muerte. Cuenta Etxeberria que una parte de esos pacientes ya llegan a las unidades de críticos intubados, pero que hay otros que lo hacen «conscientes, hablando, respirando por ellos mismos. Estos últimos entran en la unidad con mucho miedo, aterrados, a veces no hace falta que te digan que tienen miedo porque se lo ves en la mirada. Saben que su estado de salud es muy grave y que igual no van a salir vivos del hospital. Te lo dicen, 'tengo mucho miedo'. Están aterrados». ¿Y qué hace una enfermera en esos casos? «Tengo que hacer más de psicóloga que de enfermera. Acompaño al paciente en todo momento, le intento explicar que va a estar bien cuidado y que voy a estar ahí en todo momento, las 24 horas al día los 7 días de la semana. Y que entre todos vamos a hacer todo lo posible para que se recupere».
Afirma que los casos de algunos pacientes «se te quedan muy marcados. Por ejemplo, un paciente muy joven que iba a ser intubado que me dijo llorando, 'por favor, salvadme la vida. Tengo que vivir, yo no me puedo morir, que tengo dos hijos pequeños'. Y eso es muy duro. Tienes que hacerte fuerte, muy fuerte e intentar no llorar».
– ¿Ha llorado mucho?
– Mucho. Llego a casa y de la impotencia lloro. Lo hago sin motivo aparente, pero lloro mucho.
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