Secciones
Servicios
Destacamos
Maldición! Apenas ha sido un instante, una inoportuna distracción, un simple descuido... y nuestro flamante móvil se ha escurrido accidentalmente de nuestras manos, precipitándose al vacío de forma acelerada y con aparente vida propia. Desgraciadamente, ya no hay vuelta atrás. Mientras nos agachamos a recogerlo, lamentamos nuestra mala suerte, suspiramos e imploramos al cielo en busca de un pequeño milagro. ¿Tendrá algún arañazo leve? ¿Habrá resistido bien la pantalla a la caída? ¿O el móvil estará tan destrozado que tendremos que decirle adiós y comenzar a pensar en adquirir un sustituto? Quién no haya vivido esta desagradable experiencia (y además varias veces) y esté libre de pecado que tire la primera piedra...
«En una caída, un impacto muy fuerte puede estropear los componentes internos, pero no es lo habitual –explica Javier Lemos, ingeniero de producto de SPC, empresa especializada en electrónica de consumo–. Normalmente estos componentes son bastante resistentes, pero siempre con cierta rigidez. De hecho, la parte externa se suele diseñar con cierta flexibilidad para poder disipar los choques». Haciendo un paralelismo, sería el equivalente a la carrocería de un coche: en un accidente leve a menudo acaba absorbiendo la mayor parte del un impacto, lo que permite mantener intacto el interior del propio vehículo y, por ende, al conductor.
En una caída son muchos los factores que pueden llegar a condicionar el alcance del destrozo y el consiguiente estado de los componentes de un smartphone. Eso sí, en origen los fabricantes de móviles suelen prever este tipo de incidencias, de ahí que «los equipos se diseñan para soportar, sin ningún daño, caídas accidentales de la mano a una superficie rígida y plana». Esto, más concretamente, ¿en cuántos metros de caída vertical se plasmaría en la realidad? «En aquellas que se producen desde un metro de altura. Eso sí, si cambian esas condiciones (mayor velocidad, altura, superficie no plana, etc.) hay más posibilidades de daños en el terminal», explica Javier Lemos.
La pantalla es, con diferencia, el componente que aparentemente más suele sufrir el impacto de una caída accidental, sobre todo porque es el más visible y el que dispone de una mayor superficie. Por ello, los fabricantes suelen implementar diversas tecnologías que -a base de componentes químicos- incrementan notablemente la resistencia de las pantallas ante todo tipo de incidencias... pero no sólo caídas. Pueden ser los clásicos rayones provocados por las llaves de casa, pequeños arañazos de monedas y tarjetas, golpes... el impacto de todos ellos queda absorbido –hasta cierto punto– por una protección extra que, a menudo, se tiende a subestimar, sobre todo porque no se tiene conocimiento de su existencia.
Sea como fuere, no todos los terminales cuentan con el mismo grado de protección en pantalla. Y es que en buena lógica, los móviles 'premium' suelen ser los elegidos para implementar los 'cristales' más reforzados. Es el caso del Oppo Find X5 Pro, el Samsung Galaxy S22 Ultra o el Realme GT 2 Pro, móviles que cuentan con cristales Gorilla Glass Victus (de la compañía Corning), la tecnología más avanzada en la actualidad. En otras palabras, disponen de una resistencia aún más reforzada, hasta el punto de que aseguran caídas verticales de hasta 2 metros y una mayor protección ante posibles arañazos. Y todo ello, independientemente de que cuenten o no con la certificación IP68, que protege ante el polvo y el agua.
Al respecto, Javier Lemos, ingeniero de producto de la compañía SPC, matiza que «lo que más habitualmente se rompe no suele ser la pantalla del móvil, sino el cristal que la protege». De ahí que en función de variables como el modelo de móvil, el tamaño del desperfecto o el centro técnico, la reparación pueda conllevar un coste que vaya de los 50 hasta los 200 euros (si no, más).
Por si fuera poco, no hay que olvidar una realidad que en ocasiones pasa muy desapercibida: en una caída otros componentes internos también pueden verse seriamente dañados, caso de las lentes de las cámaras o los propios altavoces del terminal. «En general, por aparatosa que sea una caída, y por importante que sea el componente que se rompa, todo es reparable... Otra cosa es el precio de la reparación, claro», explica Javier Lemos.
¿Y qué es lo más grave que puede romperse de un smartphone en una caída, llegando incluso a dejarlo inutilizable? «Lo peor que le puede ocurrir a un móvil es que se estropee el almacenamiento ya que, aunque se puede sustituir (eso sí, es la reparación más cara, porque se cambia toda la placa electrónica), lo que tengamos guardado en él se habrá perdido para siempre».
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Horarios, consejos y precauciones necesarias para ver el eclipse del sábado
El Norte de Castilla
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones para ti
Favoritos de los suscriptores
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.