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Goierri ha despedido este miércoles a una de sus figuras más entrañables y queridas: Emiliana García, la amona de la comarca, ha fallecido a los 109 años de edad, dejando un legado de amor, recuerdos y vivencias que perdurarán en la memoria colectiva de todos los que la conocieron. El fallcimiento de esta burgalesa de nacimiento y beasaindarra de adopción ha llegado justo un año después del adiós del que fue su marido durante casi 70 años, Vicente Vega, que murió en noviembre de 2023 a los 102 años.
Emiliana, nacida en el municipio burgalés de Pradoluengo, llegó a Gipuzkoa en 1961, después de haber recorrido un largo camino marcado por la adversidad, el esfuerzo y la resiliencia. A lo largo de su vida, fue testigo de algunos de los momentos más significativos de la historia del siglo XX, y logró alcanzar una longevidad excepcional que la convirtió en un referente tanto en su localidad natal como en su querida Beasain.
La centenaria vivió su último cumpleaños en enero de este mismo año, celebrando con una fiesta familiar en su hogar de Ezkiaga. En ese momento, la ausencia de su esposo era palpable, pues juntos habían compartido cerca de siete décadas de vida, amor y recuerdos. La pareja, que se conoció en Burgos, se convirtió en el matrimonio más longevo de Gipuzkoa, alcanzando entre ambos los 210 años de vida. A pesar del vacío que dejó Vicente, Emiliana seguía rodeada de su familia, que siempre la acompañó con cariño, y aquel dia recibió la visita de la alcaldesa de Beasain, Leire Artola, y la concejala de bienestar social, Mariola Pascual, quienes expresaron el afecto de todo el municipio hacia ella.
Emiliana vivió una juventud complicada. Criada en una familia de seis hermanos, tuvo que salir de su hogar en Burgos y trabajar como sirvienta en Barcelona, donde pasó por tiempos difíciles durante la Guerra Civil. En esos años de incertidumbre, fue testigo de los registros y requisas que sufría la familia con la que trabajaba, pero también de la valentía y la serenidad con la que enfrentaba las adversidades. Tras la guerra, regresó a su tierra natal y fue entonces cuando conoció a Vicente, un cántabro de Potes que, tras conquistarla, se convirtió en su compañero de vida.
El matrimonio de Emiliana y Vicente se formalizó el 29 de octubre de 1955, y juntos tuvieron dos hijas, Nati y Puri. Tras algunos años viviendo en Burgos, decidieron mudarse a Gipuzkoa, donde Vicente encontró trabajo en una cantera en Apellaniz y, más tarde, en Beasain. La pareja disfrutó de su vida en la localidad vagonera, donde Emiliana se convirtió en una figura querida por los vecinos, especialmente en el barrio de Ezkiaga, donde vivió hasta su fallecimiento. A lo largo de los años, los beasaindarras fueron testigos de su amor y su complicidad, pues Emiliana y Vicente no solo compartieron su vida, sino también su rutina diaria, siempre paseando juntos por las calles de su barrio.
El fallecimiento de Emiliana García marca el fin de una era, pero también celebra una vida ejemplar. Su historia es la de una mujer que, con trabajo, sacrificio y amor, fue capaz de superar las dificultades que la vida le presentó, y que siempre estuvo acompañada por su familia y por el apoyo de su comunidad. Beasain la recordará como un ejemplo de longevidad, amor inquebrantable y sabiduría de aquellos que han vivido lo suficiente como para contar su historia.
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