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ENRIQUE VIÑUELA
Lunes, 29 de marzo 2010, 09:56
Suele repetirse que los Rolling Stones escribieron de forma involuntaria el último capítulo del sueño hippie con su actuación en Altamont (California), en 1969, cuando un joven negro murió apuñalado por los Ángeles del Infierno, encargados de la seguridad del concierto. Fue el triste final de la Era de Acuario, la ilusión que nadie se creyó. Ahora hablemos del principio del fin. Unos años antes, en 1965, en la otra punta del país, una banda de rock apadrinada por Andy Warhol mostraba ante unos pocos iniciados el reverso de la mentira hippie. Bienvenidos al mundo real. Cuero y látigos, heroína y poesía urbana, pop y ruido, primitivismo y vanguardia, Bo Diddley y John Cage. Se llamaban The Velvet Underground, eran de Nueva York y fundaron el rock moderno. Se cumplen cuarenta años de su separación. Y el mito no cesa.
El grupo formado por Lou Reed (voz y guitarra), John Cale (bajo, viola eléctrica), Sterling Morrison (guitarra) y Moe Tucker (batería) dejó de existir en 1970, pero su influencia todavía sigue percibiéndose en buena parte de las bandas nacidas en el seno de la comunidad 'indie'. The Strokes son un buen ejemplo de cómo su legado se ha seguido filtrando lentamente desde comienzos de los setenta (David Bowie, The Stooges, Roxy Music) pasando por los ochenta (la década que los coronó como el grupo de culto definitivo gracias a The Modern Lovers, Joy Division, The Dream Syndicate, REM, Hüsker Dü, Sonic Youth) hasta llegar a nuestros días. Beck acaba de reinterpretar el disco de debut de la Velvet al completo, tributo que regala en el Record Club de su website.
Historia revisada
La vigencia de su propuesta justifica la reedición actualizada de dos de los mejores libros escritos sobre la banda: 'Up-tight. La historia de The Velvet Underground' (Discos Crudos), de Victor Bockris y Gerard Malanga, y 'Feedback: The Velvet Underground: Legend, Truth' (Munster), del periodista Ignacio Juliá, quien revisa y amplía la versión original, publicada por primera vez en 1986, en la que repasa la historia del grupo a través de una extensa entrevista con el desaparecido guitarrista Sterling Morrison. Se añaden conversaciones con el resto de implicados y ahonda en el desencuentro y posterior reconciliación entre Lou Reed y John Cale, dos cabezotas egocéntricos. No hicieron las paces hasta 1990, cuando firmaron al alimón el álbum 'Songs For Drella', dedicado a su mentor artístico.
Por su parte, el escritor Victor Bockris se encarga de actualizar la edición en español del clásico 'Up-tight', que firmó en 1983 junto al fotógrafo y bailarín Gerard Malanga. Ambos vivieron en primera persona la historia de una tropa vestida de negro que hizo suya la máxima de McLuhan: el medio es el mensaje. Ni se imaginaban lo que se traían entre manos mientras recorrían Estados Unidos en una furgoneta con el espectáculo Exploding Plastic Inevitable, una especie de 'happening' multimedia que mezclaba cine, música en directo, bailarines y luces psicodélicas.
«Fueron la primera banda de rock de vanguardia, en el sentido más literal del término, el de explorar territorios desconocidos», apunta el célebre crítico Lester Bangs en 'Up-tight'. No sólo sonaban diferentes, sino que expresaban sentimientos y actitudes que no se habían tratado con anterioridad en el rock. «Queríamos hacer algo parecido a lo de Phil Spector con el menor número de instrumentos posibles», recuerda John Cale. El sello de jazz Verve los fichó junto a The Mothers Of Invention con la intención de actualizar su catálogo y llegar al público joven. Pero la discográfica no supo qué hacer con ellos y se centró en promocionar a la banda de Frank Zappa. Así que el inmenso debut de los neoyorkinos, 'The Velvet Underground And Nico' (1967) pasó sin pena ni gloria por la lista de ventas, al igual que los otros tres discos de estudio que grabaron.
Fracaso comercial
A pesar de la exposición mediática de la que disfrutaron gracias a la fama de Warhol, no vendieron un puñetero disco en vida y, como tantos pioneros, reinaron después de muertos. Llegaron antes de tiempo. Pero en el momento preciso. Dulces melodías y oleadas de ruido blanco. ¿Sufrían un trastorno bipolar? ¿Y dónde quedaba la esperanza que hasta entonces vendía el rock? Según ellos, en la esquina de una calle de Harlem, esperando a su hombre para pillar una dosis de heroína.
Su iconografía sadomasoquista y sus letras explícitas (en el tema 'Heroin', Lou Reed describía con todo lujo de detalles la experiencia de meterse un chute) fueron demasiado para la censura franquista, que se apresuró a prohibir la distribución de sus discos. No fuimos los únicos. En el libro 'New York Art', de Johan Kugelberg, por ahora sólo editado en inglés, el ex presidente checo Vaclav Havel cuenta que la música de los neoyorkinos fue una pieza clave en la resistencia política frente a la dictadura comunista. En 1968, el joven político viajó a la Gran Manzana. «Quería comprar algo que no pudiese conseguir en mi país». Se llevó de recuerdo el álbum de debut de la Velvet.
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