
BENITO URRABURU BENITO URRABURU ENVIADO ESPECIAL
Miércoles, 14 de julio 2010, 09:58
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Lo de Alberto Contador en Avoriaz resultó un espejismo. Eso lo sabemos ahora, después de verle subir y bajar La Madeleine, de fajarse demasiado en la parte llana que había antes de una llegada en la que se impuso Sandy Casar, quien logró su tercer triunfo en el Tour. El año pasado entró segundo en la etapa que ganó Mikel Astarloza y que meses después fue para él.
De los pocos problemas que presenta el líder de Astana, el más preocupante es el calentón que suele sufrir cuando se ve con fuerzas y dominador. Subiendo La Madeleine, Andy Schleck aceleró en tres ocasiones. Se limitó a seguirle. No le ofreció ningún dato de su verdadero estado físico. Una forma de correr inteligente. Con tantos kilómetros de bajada y de llano hasta la meta, 32, no procedía intentar un ataque consistente.
Saxo Bank y Astana destrozaron la carrera, reventaron el pelotón. El primero en comprobar que llegaba una hecatombre fue Carlos Sastre. Restaban 41 kilómetros para la meta, nueve de ellos en subida, y se cortó del grupo principal. A partir de ese momento veríamos pocas alegrías y mucho sufrimiento.
BMC llevó a Cadel Evans hasta el puerto. Allí iba a tener con él a Morabito y Santambrogio. Más no se puede hacer por un líder que corrió con una fisura en el brazo. Entre las lágrimas que derramó en la meta y el momento en que comenzó a padecer un calvario habían transcurrido cuarenta kilómetros.
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Un suplicio para el maillot amarillo, que quedó muy tocado. Llegó a la meta a 8:05 de Contador y Andy Schleck. Todos lo pasaron mal.
El calor que derrite los Alpes, el ritmo de Tiralongo y Dani Navarro, el ataque de Vinokourov, los latigazos de Voigt, el trabajo de Fuglsang y Nicki Sorensen... En suma, la puesta en marcha de la máquina demoledora de los dos equipos más fuertes del Tour ha dejado una carrera entre Andy Schleck, quien por primera vez se vistió de amarillo en el Tour, y Alberto Contador.
El desconsuelo de Cadel Evans una vez finalizada la etapa duró muchos minutos. La despedida de los Alpes ha sido un caos deportivo, una de esas etapas de nombres. Desde Luis León Sánchez, segundo en la meta, a Iván Gutiérrez -metidos ambos en la escapada del día-, pasando por Cadel Evans y, por supuesto, Contador y Andy Schleck. Lo llevaron como pudieron.
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Cuando Samuel Sánchez atacó en la ascensión a La Madeleine, pensamos que se había dejado llevar por el corazón. Estuvo con Andy Schleck, que tentó a Contador y dejó a Samuel descolgado. Ya no volvería a verles.
No lo sabía entonces, pero se le iba a escapar una nueva oportunidad de ganar una etapa. Es tercero en la general, pero él buscaba levantar los brazos, su etapa, el triunfo que le debe el Tour y que no termina de conseguir.
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Dos escaladores, dos estilos
Andy Schleck parece un Don Quijote subido en una montura muy distinta a la del hidalgo. Hasta Contador tiene más pierna que él. La diferencia en la montaña es que Alberto baila en su bicicleta y Andy sube a golpe de riñón. Dos escaladores con un perfil muy parecido van a jugarse este Tour.
Llegamos a Gap hoy, 14 de julio, fiesta nacional francesa. Bajaremos el puerto de La Rochette. Son dos nombres, Gap y La Rochette, enquistados de por vida en la historia del ciclismo en general y en la de Beloki en particular.
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El 14 de julio de 2003, en la novena etapa del Tour, el escenario final de la carrera era el mismo de hoy. Quedaban ocho kilómetros para la meta. Alexander Vinokourov, entonces en pleno apogeo como corredor, había atacado en esa bajada. Le seguían los dos primeros de la carrera, el líder Armstrong y Joseba Beloki, segundo en la general. El líder de la Once veía cerca al corredor americano, que había ganado ya cuatro veces el Tour.
En una curva que hoy se volverá a tomar, a Beloki se le clavó la rueda delantera en el asfalto. Sufrió una caída brutal. Armstrong realizó unos cuantos metros de ciclo-cross por una pradera antes de volver a la carretera.
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Beloki no pudo levantarse. Se rompió el fémur, el codo y la muñeca derecha. También se fracturó su vida deportiva, su carrera. Han pasado siete años y Beloki no olvida aquellos instantes dramáticos.
«Cada dos por tres me acuerdo de aquella caída y ahora todavía más con la llegada del Tour. Es la misma fecha, un 14 de julio, se pasa la misma curva, es la misma meta. Son muchas cosas. No lo estoy pasando nada bien. No sé por qué», nos comenta un Beloki con la voz apagada. Por si faltase algo, hay colgado un vídeo en internet que su hijo ha visto. El chaval le pregunta. «¿Qué le explico yo a un crío?», confiesa Joseba. Dos de los tres protagonistas, directa o indirectamente, de aquella caída siguen en el Tour.
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