

Secciones
Servicios
Destacamos
ANE URDANGARIN
Jueves, 9 de diciembre 2010, 04:03
En enero de este año, seis parejas guipuzcoanas se dieron el 'sí quiero' frente a un altar. Otras 63 prefirieron formalizar su relación en el ayuntamiento o en el juzgado. Cierto es que la mayoría de los enlaces religiosos se celebran en primavera y verano, pero estos datos dan fe de que lo que hace dos décadas se vislumbraba como una tendencia al alza pero aún minoritaria es ya una una realidad incontestable: las bodas canónicas han perdido su supremacía. En 2006, por primera vez los enlaces religiosos y civiles se equipararon y, desde entonces, la balanza se ha ido desequilibrando a favor de las ceremonias celebradas por un juez o un alcalde en vez de un cura. El año pasado, sin ir más lejos, se llevaron a cabo 1.848 uniones laicas frente a 1.027 matrimonios religiosos en Gipuzkoa. El 64% frente al 36%. Y según algunos expertos la diferencia seguirá aumentando.
Menos de 3.000 al año
De entrada, de las estadísticas del Instituto Vasco de Estadística-Eustat se infiere que los vascos ya no se casan tanto. En Gipuzkoa, en concreto, en las últimas dos décadas se han venido registrando más de 3.000 enlaces al año, con un máximo que se alcanzó en 2003, con 3.503 bodas. Desde entonces, esta cifra ha ido disminuyendo, hasta que el año pasado bajó de esa barrera y se quedó en 2.876.
«La población susceptible de casarse es menor lo que, en parte, explica el descenso. La otra razón es que la gente ya no necesita casarse para convivir», explica el sociólogo Martín González Hernández, coordinador de estadísticas demográficas en el Eustat, donde han detectado que muchas de las bodas actuales están protagonizadas por parejas que ya convivían con anterioridad.
«En estos años han aumentado muchísimo los matrimonios entre residentes en el mismo municipio. Empezamos a estudiarlo y resulta que eran residentes en el mismo edificio», cuenta el sociólogo. De hecho, la mitad de los contrayentes que se casaron en 2008 vivían juntos antes de unirse en matrimonio.
Nos casamos menos y, si lo hacemos, la mayoría opta por enlaces laicos. «La secularización ya venía de antes. Creo que este fenómeno se debe principalmente a que ya no hay tanta presión social por el componente religioso. La gente iba a casarse a la iglesia por la familia, por esa presión social...».
El aumento del peso de los enlaces civiles es una constante también en el resto de las comunidades, un proceso que los sociólogos de la UPV Unai Martín y Marta Luxan atribuyen «sin duda» a la secularización de la sociedad, que se experimenta de una manera más notable entre las nuevas generaciones. La religión, explican, cada vez es menos importante a la hora de dotar de sentido a la vida de la población joven. Sin embargo, recuerdan que «la Iglesia tiene una gran importancia a la hora de 'institucionalizar' los principales procesos de transición de la biografía de la persona, como el nacimiento o la muerte, no por su carácter religioso sino como institución social».
El aumento de los enlaces civiles se explica pues, además de por la secularización, por la aparición y aumento de importancia de otras formas sociales de 'institucionalizar' ese proceso. Así se constata también en el caso de los funerales. De ser un rito asociado únicamente a la fe cristiana se ha pasado a contar con varias opciones, tanto privadas como públicas, para honrar la memoria del difunto sin los inconvenientes de los actos al aire libre ni la necesidad de poner un pie en una iglesia. El de los funerales civiles es aún un fenómeno minoritario pero al que ya se está adaptando la Administración Pública. Varios ayuntamientos guipuzcoanos, entre ellos Legazpi, Azpeitia, Zarautz, Urretxu, Arrasate y Eskoriatza, han regulado el uso de espacios públicos para que se celebren ceremonias laicas. En otros consistorios, como el de Astigarraga por ejemplo, ya se han realizado solicitudes para sacar adelante una ordenanza que regule la celebración de bautizos, bodas y funerales no religiosos.
El sentido religioso
Las creencias o los ideales de cada persona están ganando peso a la hora de ritualizar estos momentos relevantes de la biografía. «Entre una juventud en la que menos del 10% acude a misa alguna vez por semana, y en la que menos de la mitad se define como católico aunque no sea practicante, las bodas católicas pierden su sentido religioso», señalan los sociólogos de la UPV. Además, «cuando las bodas civiles ganan en importancia social y ritualidad, las ceremonias religiosas pierden su monopolio para institucionalizar socialmente el proceso». Pierden su sentido práctico, dicen. Así, lo lógico es que las ceremonias religiosas sigan descendiendo hasta situarse en un porcentaje que corresponda al nivel de creencia y práctica religiosa de los jóvenes guipuzcoanos.
Hoy en día, explican, las vidas de los individuos están menos pautadas que en tiempos pasados. Las principales instituciones sociales, como la familia, el trabajo, la política o la religión «han perdido capacidad para guiar la vida de los individuos, que tienen que construir sus propias biografías».
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Los libros vuelven a la Biblioteca Municipal de Santander
El Diario Montañés
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.