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ELENA VIÑAS
Miércoles, 2 de febrero 2011, 02:54
«Habéis construido la casa, vuestra casa, y lo habéis hecho muy bien. Ahora tenéis que convertir esta casa en vuestro hogar». Las palabras las pronunciaba José María Setién, hoy obispo emérito de la Diócesis de San Sebastián, el 27 de enero de 1980, durante la misa de inauguración de la parroquia de San Francisco Javier de Bidebieta. El barrio veía cumplida ese día una antigua aspiración, la de disponer de su propio templo.
«Hasta entonces se había utilizado un bajo en Julio Urkijo, 44, donde se encuentra la Peña Taurina, pero el local, aunque nuevo, era un tanto insalubre, por no hablar de su configuración. Tenía forma de uve, porque el portal del inmueble se situaba en medio. El altar se hallaba en el vértice y la gente que se sentaba en un tramo no veía a la que se hallaba en el otro», recuerda Eduardo Iribarren, actual párroco.
Corría el verano de 1968 cuando se ofició la primera misa en esa bajera de uno de los doce rascacielos que, conocidos popularmente como los apóstoles, se erigen en Bidebieta-La Paz desde su nacimiento en septiembre de 1967. Ya entonces se pensaba en construir una iglesia en el que nacía con vocación de ser un barrio 'modelo', con grandes carreteras, diferentes servicios de carácter social en el centro y casas a su alrededor. El Ministerio de la Vivienda reservó una parcela para tal fin que se compró por 723.000 de las antiguas pesetas.
Aportación vecinal
«La parroquia se logró hacer gracias, fundamentalmente, a las aportaciones económicas de los vecinos, quienes, a través de cuotas mensuales que ascendían a 300 pesetas, se comprometieron a hacer realidad el proyecto», señala Iribarren, quien destaca la colaboración de aquellas familias, en su mayoría humildes y con necesidades, que consiguieron reunir los 40 millones de pesetas que costó edificar el templo ideado por el arquitecto Carlos Arruti, una construcción un tanto atípica que llama la atención por su corte minimalista. «Está hecha de los materiales que se ven: cemento, hierro y ladrillo», apunta el párroco, heredero de la labor iniciada por el sacerdote José Luis Lecuona, al que siguieron Antonio Esnaola, Ignacio Esnal y Teodoro Goñi.
Pero si la parroquia sorprende a cuantos traspasan por primera vez su umbral, otro tanto sucede con las imágenes que la presiden. Por un lado, la escultura de grandes dimensiones del Cristo resucitado, obra de Lorenzo Ascasibar, autor de algunas de las figuras que pueden verse en el exterior de la Catedral del Buen Pastor. Y por otro, la imagen de la Virgen con el niño en brazos modelada en barro por Iñaki Artetxe, vecino de Bidebieta.
Pasado y futuro
Esa casa, como la llamó Setién, ya es un hogar. Sus cuatro paredes han sido testigo mudo de etapas que dejaron una huella muy profunda, como la de la lacra de la droga que acabó con la vida de muchos jóvenes. «Pero Bidebieta ha cambiado», se apresura a indicar Eduardo Iribarren. «Aquella problemática quedó atrás y ahora el barrio se ha estabilizado y ha crecido bastante con las construcciones de Lasa y Contadores».
Quienes apoyaron la creación de San Francisco Javier «se han hecho mayores» y urge un relevo generacional que no acaba de llegar como consecuencia de ese «ambiente más frío» que azota lo religioso.
A pesar de todo, no faltan retos. El principal, la configuración de una unidad pastoral supraparroquial que recibirá el nombre de Uliazpe o lo que es lo mismo, bajo Ulia, el monte a cuyos pies se reparten los templos de San Pedro, El Poblado, Trintxerpe, Bidebieta, Herrera y el Alto de Miracruz, que planean «aunar esfuerzos e ilusión para crear servicios comunes». La iniciativa seguirá la senda de la ya existente actualmente en Altza y Larratxo tras la unión de un total de cuatro parroquias.
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