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Miércoles, 30 de noviembre 2011, 03:25
Alguien recuerda hoy a Agustín Eizaguirre? Quizás no demasiados. Algunos aficionados al fútbol se acordarán de su hijo, Ignacio Eizaguirre, como él gran guardameta de la Real Sociedad. Pocos recordarán que Agustín jugó el partido inaugural del campo de Atotxa, disputado en octubre de 1913.
Agustín Eizaguirre (Zarautz, 1897-Donostia, 1961) fue el guardameta de la Real entre 1912 y 1925. No llegó a internacional porque Ricardo Zamora se cruzó en su destino. Considerado el mejor portero del momento, Agustín viajó con la selección española a los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920, donde parecía llamado a debutar. Sin embargo, en el último momento el seleccionador Paco Bru decidió alinear a Zamora, que sólo tenía 19 años. Allí empezó la leyenda de Zamora y el oscurecimiento de nuestro Eizaguirre, quien tras retirarse en 1925 montó un comercio de material deportivo en la calle Easo.
A su muerte, DV publicó el 30 de noviembre de 1961 una bonita remembranza. «Parece que fue ayer cuando Agustín saltaba con su toalla al césped de Atocha, después de haber pasado corriendo la calle, pues entonces no había vestuarios para los jugadores y éstos se cambiaban en la casa de Fidel Terán, frente al campo, encima de unos locales donde ponían herraduras a los caballos (...)».
«Eizaguirre fue portero excepcional del que nunca olvidaremos algunas de sus actuaciones. Coppée, el gran realizador de la olimpiada amberina, fue impotente en Atocha frente a Eizaguirre en aquellos dos memorables partidos jugados entre la Real y el Union Saint Galoise de Bruselas. Y Agustín fue el puntal más firme del equipo easonense en el encuentro París-Guipúzcoa».
«Abril de 1923. Se jugaba en Atocha la semifinal del campeonato de España entre la Real y el Athletic de Bilbao. Los equipos estaban empatados a cero. Se pitó un penalty contra la Real. Sesúmaga se dispuso a tirarlo. Temblábamos los espectadores. Junto al que esto escribe, un caballero decía: 'Lo para, lo para. Yo le he visto hacer maravillas en América'. Y lo paró, pero el balón salió rebotado del pecho de Eizaguirre, y Sesúmaga lo empalmó a volea media docena de metros ante el gol. Eizaguirre hizo una formidable parada, quizá la mejor de aquella tarde memorable, en que él fue el mejor de los veintidós. Ocho días después se repetía en San Mamés su soberbia actuación de Atocha. El público le aclamó 'as' de los guardametas norteños».
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