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JAVIER SADA
Domingo, 4 de diciembre 2011, 03:57
Cuando el año 1903 se inauguró la plaza de toros del Chofre, su avanzada edad no le permitió hacer frente a los ímpetus de la Nueva Sociedad, pero ahí quedaba para la historia donostiarra la imagen de nuestro protagonista frente a su flamante plaza de toros de Atocha.
La historia comenzó el 14 de mayo de 1839 en la para los donostiarras lejana Eskoriatza. José Arana nació y pasó su niñez en un ambiente rural hasta que «siendo ya un hombrecito» se trasladó a Madrid donde uno de sus tíos tenía una tienda de comestibles.
Ya sea con el dinero ganado, o como dice la leyenda, con el duro que sus padres le metieron en el bolsillo, fue lo cierto que contando una veintena de años «invirtió» sus champones jugando a la Lotería de Navidad ¡y le tocó el gordo!
Sabiéndose rico, abrió una tienda de ultramarinos en la calle Preciados de Madrid y otra muy lujosa en el mismísimo centro de San Sebastián: en la esquina del Boulevard con Elcano, lugar privilegiado por tratarse del primer ensanche de la ciudad una vez derribadas las murallas en 1863.
Su habilidad para los negocios le hizo poder compatibilizar los sacos de alubias, lentejas y garbanzos con una pequeña ventanilla donde efectuaba operaciones bancarias y con una trastienda en la que se reunía con empresarios, artistas y toreros.
El año 1876, apenas terminada la tercera guerra carlista, cuando la ciudad no sólo había perdido su atracción turística sino que pensaba no le sería posible recuperarla, Arana tuvo la osadía de, en solitario, convertirse en adalid del veraneo donostiarra y para atraer forasteros, en menos de un mes, construyó la que sería su primera plaza de toros de Atocha.
Para anunciar su semana taurina creó los slogans 'Semana Monumental' y 'Gran Semana' y desde 1879 hasta nuestros días el de 'Semana Grande'. Fue, como todo aquello en lo que intervino, un auténtico éxito. San Sebastián volvió a estar de actualidad, se conoció que los viajeros regresaban a tomar los baños y comenzó una larga andadura que permanece vigente.
Como apoderado taurino que llegó a ser se le atribuyen distintas iniciativas relacionados con el mundo de los toros: «inventó» los carteles policromados anunciadores de la fiesta; ordenó disparar cohetes, los días de corrida, a las doce del mediodía para ahuyentar a las nubes y puso de moda el que las mulillas y la banda de música acudieran al hotel donde se hospedaban las cuadrillas para «en festiva procesión» llegar hasta el coso taurino seguidos de aficionados.
Gerente del Teatro Real de Madrid construyó un frontón 'Beti Jai' en San Sebastián, calle Aldamar, y otro en la capital española y en Alderdi Eder un Teatro Circo en el que fue presentado Pablo Sarasate.
José Arana fue un gran benefactor de su villa natal a la que dotó de una moderna traída de aguas, escuelas y asilo.
Tal día como el de mañana, 5 de diciembre. de 1908, José Arana fallecía en su casa de San Sebastián constituyendo su funeral uno de los grandes sucesos necrológicos de la ciudad al participar en ellos «artistas, músicos, actores y toreros».
Arana, enterrado en el cementerio de Eskoriatza, sigue siendo motivo de convocatoria por ser muchas las personas que acuden a presenciar el noble mausoleo realizado por su amigo Mariano Benlliure.
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