

Secciones
Servicios
Destacamos
«Recuerdo que las concentraciones de 2015 apenas reunían a gente como para sujetar la pancarta y que la escoltara una fila de personas». El ... portavoz de la Federación Vasca de Asociaciones de Prejubilados y Pensionistas (Fevaas) Miguel Gortari, deja claro que la realidad ha sido muy diferente hasta prácticamente ayer. Que la revalorización de las pensiones con el escaso 0,25% venía ya sufriéndose un lustro y que las reivindicaciones del colectivo estuvieron fuera de foco social, político y mediático durante prácticamente cuatro años. Hasta que llegó 'La Carta'. Ese escrito remitido por la exministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, mediante la cual agradecía de forma individual a cada pensionista el «esfuerzo y solidaridad» de estos años y les anunciaba que nuevamente verían incrementarse su mensualidad en un 0,25%. Esa carta prendió la mecha. No por ser una comunicación novedosa, ya que en los últimos años ya se había producido cada enero ese envío masivo, si no por la sensación del colectivo de que en un contexto de recuperación económica, con una subida del IPC del 1,6% y en una realidad en la que miles de pensionistas han sido el salvavidas para sus hijos y nietos, «los poderes políticos» no daban el paso para corregir esa práctica congelación de sus prestaciones.
La irritación se transformó en grupos de 'wasap', esas decenas de personas formaron colectivos y dichos colectivos empezaron a quedar cada lunes en los centros de las localidades para mostrar su enfado primero, y gritar sus reivindicaciones después. La primera concentración se celebró hace justo un año y hoy tanto en San Sebastián como en Irun se conmemorará ese aniversario. Con vino dulce y una canción de Luis Eduardo Aute en la capital guipuzcoana, y con un caldo caliente en la ciudad fronteriza.
«La unión en la diversidad ha sido esencial para mantener la afluencia cada lunes», explica José Agustín Arrieta, de la Asociación Guipuzkoana de Jubilados y Pensionistas, Agijupens. Y no solo la unión ha sido un factor decisivo para sostener la presencia en las concentraciones de cada lunes, que se han extendido hasta al menos treinta localidades del territorio. También ha sido factor clave en las reuniones entre las distintas plataformas comarcales que se han organizado y que se reúnen en la PAMG (Plataforma de Asociaciones de Mayores de Gipuzkoa). «Desde el inicio aparcamos nuestros ideales políticos. De no ser así no podríamos ser el grupo de presión que somos», refrenda Fernando Arozena, uno de los portavoces del Movimiento de Pensionistas de Txingudi.
«Por ejemplo. Yo creo que el tema de la pensión mínima de los 1.080 euros es una aspiración lejana y no debe ser el principal objetivo», pone como ejemplo Arrieta. «Yo pienso que el 1.080 es importante y aunque tenga su recorrido es un reclamo que nos une a todos», responde, por su parte Maritxu Serrano, de la plataforma Duintasuna, que abandera las concentraciones en Donostia tras esa reivindicación. «Pero, con un SMI que se ha situado en 900 euros, ¿cómo vamos a pedir que la pensión mínima sea mayor que el salario de un obrero?», pregunta a bote pronto Arrieta. Todos asienten. Saben que cada paso que puedan conseguir será un triunfo. «Es un movimiento plural y actuamos sin demagogia y sabiendo que no conseguiremos todo de golpe y que debemos seguir peleando», tercia Arozena zanjando el tema.
Pelear, esa palabra de la que este colectivo no se quiere desprender. Algunos les llaman «los 'borrokillas' del 68» ya que hace medio siglo también peleaban por sus derechos en la calle. También pelearon en la Transición y han sido primera línea en la lucha sindical. «Nosotros somos el 'poder gris', ese quinto poder que está en la calle y nadie puede obviarnos», define Miguel Gortari.
Y como poder han conseguido reunir en las calles guipuzcoanas a más de 50.000 personas en las cinco grandes manifestaciones celebradas en 2018. La mayoritaria tuvo lugar el 26 de mayo en Donostia y congregó a 30.000 manifestantes. Ese fue el punto álgido y el que, unido a las protestas en el resto de capitales españolas, provocó que el Gobierno virara su rumbo con las pensiones y aprobara su revalorización con el IPC tanto para 2018 como para 2019, además de elevar las pensiones mínimas un 3% y retrasar la aplicación del factor de sostenibilidad hasta, al menos, 2023.
Pero al margen de esas mejoras más cuantitativas, el colectivo guipuzcoano se fija en otras cuestiones que no tienen tanto que ver con cifras ni números. «El logro más importante es que se ha visibilizado a nivel social la problemática de las pensiones», expone Arrieta. Sus compañeros añaden unos cuantos hitos más. «Valoro la capacidad de organización que hemos logrado, que hayan resurgido nuevas ilusiones y que las mujeres, sobre todo las viudas, hayan podido elevar la voz y exponer su delicada situación», destaca Serrano. Arozena, por su parte, define lo que más ha valorado en este año como «el empoderamiento de un montón de pensionistas que estaban hartos de todo».
LO QUE HAN CONSEGUIDO
Revalorización Del 0,25% de incremento han pasado a aumentar las pensiones al ritmo del IPC en 2018 y 2019.
Pensiones mínimas Las nóminas más reducidas han aumentado un 3% y la base reguladora de la de viudedad ha subido al 60%.
Sostenibilidad El factor a aplicar en 2019 se ha retrasado hasta, al menos, 2023.
LO QUE QUEDA PARA 2019
Compromiso Los pensionistas esperan que la decisión de revalorizar las pensiones con el IPC se confirme también para los próximos años.
Mínima de 1 080. Es un objetivo a medio plazo para la plataforma, que quiere un debate serio sobre las prestaciones más reducidas.
Extender la red Quieren estrechar lazos con sindicatos y que en colegios y universidades se explique la importancia del sistema público.
Una larga lista de aspectos positivos. Alguno tan simbólico como el hecho de que muchas personas que se podían sentir solas hayan podido encontrar un grupo de compañeros y compañeras con las que acudir semana tras semana a esas concentraciones, compartir conversaciones de 'wasap' y ganar en vitalidad. Se han reivindicado a cero grados y a 32 en Alderdi Eder. Han recorrido La Concha con paraguas verdes, han entregado cartas al diputado general Markel Olano y han copado portadas de informativos y periódicos. «Ahora salimos a la calle con otra estima», subraya Maritxu Serrano.
Pero entienden que todavía quedan asignaturas pendiente. Una de ellas, que el lehendakari Iñigo Urkullu atienda su petición y que el colectivo de pensionistas vasco pueda celebrar un encuentro con el máximo responsable del Ejecutivo autonómico. El jarro de agua fría que supuso la ruptura de las negociaciones presupuestarias entre PNV y EH Bildu en las que se debatía elevar el complemento de las pensiones mínimas sigue muy presente en el colectivo, que espera que se pase «de las palabras bonitas a los hechos». Eso sí, comprendiendo la competencia que tiene cada una de las partes en la cuestión de las pensiones y que la presión que deben realizar «es más hacia Madrid que a Vitoria».
Por ello, en esa presión hacia la capital española solicitan poder tener más presencia como colectivo allí donde se decida el futuro de las pensiones, es decir, en el Pacto de Toledo. «Los sindicatos son nuestra voz allí, pero no queremos ser sujetos pasivos de la negociación», explica Gortari. Y también buscan estrechar ese contacto con los propios sindicatos de forma que puedan compartir reivindicaciones e incrementar su fuerza a través del altavoz que representan las centrales.
El colectivo guipuzcoano dibuja un 2019 en el que sus reivindicaciones deben dirigirse a pedir el blindaje de las pensiones y a la mejora de las prestaciones mínimas, sobre todo las de las viudas, elevando su base reguladora del actual 60%. Y también les gustaría que los partidos en Gipuzkoa se comprometieran a implementar una rebaja en el IRPF a las rentas más bajas como ya se hizo en el Estado. Para ello, esperan que los propios partidos que se presenten a las elecciones forales de mayo se interesen por sus reivindicaciones y se citen con ellos. Eso sí, lo que tienen claro es que no quieren que su realidad se convierta en un arma arrojadiza entre los partidos en su debate electoral. «No pueden jugar con nuestras pensiones».
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.