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La mayor parte de los casos no llega al juzgado, pero la Fiscalía General del Estado registró 247 expedientes en Euskadi en 2019 . Félix Morquecho
Los casos de violencia de hijos a padres aumentan un 65% en seis años en Euskadi

Los casos de violencia de hijos a padres aumentan un 65% en seis años en Euskadi

Al menos 1.000 familias vascas, el 1%, sufren este tipo de violencia, la mayoría sin recibir ayuda especializada «por desconocimiento o porel mito de la familia feliz»

Domingo, 6 de junio 2021, 14:49

A los insultos y la desacreditación constante de la autoridad se van sumando los empujones, los portazos, los destrozos de objetos hasta incluso llegar a las manos. Entonces, son los hijos quienes pasan a controlar toda la dinámica del hogar. La violencia filioparental -que ejercen los hijos a los padres- es un fenómeno que, según los últimos datos, va en aumento.

El primer informe elaborado por Berriztu sobre violencia filioparental, encargado por el Departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco, registró 149 casos en 2014 en Euskadi hasta alcanzar los 193 casos en 2017 (un 29% de incremento). A estos hay que sumar los expedientes abiertos a jóvenes por ese tipo de delito, y que se recogen en el informe publicado por la Fundación Amigó elaborado a partir de los datos publicados en la Memoria de la Fiscalía General del Estado. Los expedientes abiertos en 2018 en el País Vasco alcanzaron los 190 y en 2019 aumentaron hasta los 247.

La asociación Berriztu, especializada en la atención a familias que sufren este tipo de violencia, elaboró este estudio con la intención de profundizar en este problema que preocupa a las instituciones. Se intenta determinar la prevalencia de esta violencia, conocer las necesidades y demandas de las familias y trabajar en medidas de prevención.

En concreto, entre 2014 y 2017, 677 familias vascas de un total de 150.000 fueron atendidas para resolver problemas de violencia filioparental, «un fenómeno que no es grave en cuanto a números» aunque todo apunta a que «podrían ser más», según explica Luis Miguel Uruñuela, director de Berriztu. Cuantificar los casos que se producen no resulta fácil, ya que una gran parte de las conductas violentas nunca trasciende. Al igual que otras muchas violencias dentro del hogar, los lazos afectivos que atan a las personas implicadas, el miedo a las consecuencias para los hijos o la vergüenza por el qué dirán contribuyen a mantener el problema del maltrato hacia los progenitores dentro del ámbito más íntimo. «Se sospecha» que actualmente unas mil familias de la CAV (el 1%) podrían estar viviendo esta situación sin recibir ayuda, «fundamentalmente por desconocimiento sobre los recursos existentes o también por el mito de la familia feliz», indican desde Berriztu.

El dato

  • 1.104 casos se han registrado en seis año. En 2014 se contabilizaron 149, con una progresión imparable hasta los 247 de 2019. Los menores suelen tener entre 13 y 17 años, el 68% de ellos son chicos y el 32% chicas.

Se considera violencia filioparental (VFP) «cualquier acto perjudicial reiterado, ya sea físico, psicológico o económico que realizan los hijos contra sus progenitores o cualquier otra figura que ocupe su rol de autoridad, con el principal objetivo de ganar control o poder sobre ellos». Poco a poco, la convivencia en el hogar se va transformando en un enfrentamiento continuo y las agresiones, los empujones, los pequeños hurtos, golpes, insultos, amenazas o humillaciones comienzan a formar parte de la pesadilla.

Perfil de los menores

El informe, cuya autora es Sonia Guerrero, arroja más datos. El perfil de los menores que agreden a sus padres no se limita a casos claros de exclusión social ni a entornos desestructurados, marginales o de bajo nivel socioeconómico. Tienen entre 13 y 17 años y son de clase media o alta. Existe asimismo un comportamiento de género en este tipo de violencia, ya que la víctima habitual suele ser en primer lugar la madre, en el 83,64% de las familias. De manera conjunta, el padre y la madre son ambas las víctimas en el 43,64% de las familias. La mayoría de los agresores son chicos (el 68%), si bien cada vez se detectan más chicas, sobre todo en violencia económica donde predominan. «Generalmente intentan conseguir todo lo que quieren y para eso roban o chantajean». Es también habitual que estos jóvenes, 5 de cada 10, consuman alcohol, tabaco y cannabis al mismo tiempo.

El perfil de los menores que agreden tienen entre 13 y 17 años y la víctima habitual suele ser la madre en primer lugar

En este sentido, el director de Berriztu apunta que no se puede hablar de «chavales problemáticos, sino de familias con problemas». «El fenómeno es complejo y no existe una única causa. El conflicto va estallando poco a poco: los gritos, un pequeño hurto, un empujón... y se va convirtiendo en una rutina que va aumentando. Hay familias en las que el conflicto se atasca y necesitan la ayuda de expertos para salir de esa espiral. Cada familia es un mundo pero el límite debería ser el respeto básico a la figura materna y paterna», opina Uruñuela.

Ausencia de límites

El experto añade también que «la ausencia de límites en la infancia» puede ser una de las razones que provoque conflictos durante la adolescencia, a lo que se puede añadir «una sociedad que invita a la inmediatez a la hora de recibir el refuerzo». Precisamente esta inmediatez es uno de los factores de riesgo.

Entre otros comportamientos que se desprenden del estudio están la baja tolerancia a la frustración, el bajo autocontrol y la baja autoestima de la persona adolescente. En cualquier caso, Uruñuela defiende que «hay que evitar culpabilizar a los padres y señalar a los adolescentes porque ellos también se sienten culpables. Nosotros hemos ido detectando que por debajo de un conflicto hay mucho sufrimiento por ambas partes».

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