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Miércoles, seis de la tarde. Como cada día Rubén, Mikel, Danel y Josu se juntan en la puerta de las instalaciones del velódromo de ... Anoeta. Van al gimnasio. Tienen 15 y 16 años recién cumplidos y todos comparten un mismo objetivo: ponerse fuertes. «Yo empecé a venir hace 5 meses porque me veía demasiado flaco y quería coger volumen, ensanchar», reconoce Rubén, de 15 años. «En mi caso la razón principal era ganar fuerza y también, para qué mentir, ligar más», responde entre risas Mikel. «Pues yo lo que busco es definir», confiesa por su parte Danel.
Ellos son solo tres de los miles de adolescentes que, según los expertos, están llenando las salas de fitness de este país, porque la realidad es que la imagen de este colectivo haciendo fuerza en sus máquinas es un hecho cada vez más recurrente. Sobre todo tras el estallido de la pandemia. «Diría que en nuestra clase todos estamos en la misma situación», destacan estos alumnos de 3º y 4º de la ESO de un instituto donostiarra. Y es que lejos de convertirse en una moda pasajera, cuatro años después del coronavirus, los jóvenes en su conjunto constituyen ya el 30% de la masa de clientes de los centros deportivos, siendo el 6% menores de edad según datos de la Federación Nacional de Empresarios de Instalaciones Deportivas (FNEID).
Pero, ¿qué buscan?, ¿de dónde nace la obsesión de ir al 'gym'?, ¿es sana esa exagerada afición a las pesas? Aunque desde la medicina deportiva se aconseja practicar deporte desde edades muy tempranas al tratarse de una actividad beneficiosa para la salud, la musculación es un tema aparte y tiene sus matices, más si cabe cuando se hace sin control.
Consejos
Empezar lentamente No pretender hacerlo todo en un día ni esperar obtener a corto plazo los resultados que nuestro ídolo ha obtenido después de años de entrenamiento.
Saber poner límites Es normal sentirse y verse mejor a medida que se entrena, pero no podemos caer en una rueda sin límites. Debemos ponerlos porque, de lo contrario, será perjudicial para nuestra salud.
Solicitar ayuda profesional Saber hacer de manera correcta cada ejercicio es una de las cosas más importantes a la hora de acudir a un gimnasio. Por eso resulta imprescindible seguir las recomendaciones del personal cualificado y así evitar lesiones.
Este detalle es precisamente el que ha puesto en alerta a los centros deportivos de Gipuzkoa, entre los que se encuentran numerosos polideportivos públicos. Si bien la mayoría no admiten la entrada de menores de 16 años, hay otros que lo permiten a partir de los catorce, pero siempre, eso sí, con el consentimiento de los padres y bajo la supervisión de un monitor de sala.
Sin embargo, muchas veces pueden más las tendencias por parecerse a uno de sus ídolos que el cumplimiento de las normas. En Bergara, por ejemplo, visto el aumento de adeptos al gimnasio, el polideportivo Agorrosin remitió una carta a los padres de niños abonados al mismo que decía lo siguiente: «Si tienes hijos de 14 a 17 años que vienen a la sala de fitness te recomendamos que hables con ellos sobre su actividad. Estamos viendo que la monitora les da pautas saludables pero no le hacen caso; siguen los entrenamientos que han visto en internet, sin tener en cuenta sus características y necesidades personales».
Con este comunicado, el bergararra fue el primer municipio guipuzcoano en alzar la voz, pero no es el único del territorio en el que los menores de 16 años se cuelan en sus salas de musculación. «En Irun hemos llegado a echar a chavales con 13 años», explica Iñigo Zumeaga, director de los dos polideportivos municipales de la ciudad fronteriza. «Lo que nosotros percibimos es que no vienen a hacer bici ni a correr en la cinta, sino a meterse pesas o a hacer fuerza en máquinas guiadas», destaca. «Y no son uno ni dos, son muchos los que vienen», añade el irundarra. Este pensamiento es generalizado, y en consecuencia hay monitores de diversas salas de Donostia que incluso han implantado estrategias para 'cazar' a estas personas que no tienen la edad mínima requerida. «No podemos desvelar qué es lo que hacemos, pero es una forma de ayudarnos entre nosotros para saber a la mayor brevedad posible que el joven tiene menos de 16 años y así actuar rápidamente», aseguran varios trabajadores.
Las ganas por acceder a la zona de pesas es tal que hay quienes utilizan incluso las tarjetas de sus hermanos o algún otro familiar como el aita o la ama para tratar de despistar al personal de recepción a la hora de pasar el torno. «Hacemos un control del acceso, pero no podemos estar tampoco las 24 horas mirando quién entra y sale o vigilando por las cámaras porque hay mucha afluencia de clientes», comentan los monitores. «Hay chavales con cara de niño que tienen más de 16 años y otros que igual parecen mayores pero no lo son», matizan. Según ellos, es mucho más fácil pillarles cuando acceden en grupo que individualmente. «Se suelen poner la capucha, se tapan la cara... y a algunos se les nota que se ponen nerviosos», relatan los trabajadores.
El donostiarra Rubén fue uno de los cazados. «Me echaron del Yoldi justo mi primer día de gimnasio, pero no me ha vuelto a pasar. Lo que hago es ir cambiando, a veces voy a uno y otras veces, a otro», confiesa.
Mientras que gente de mediana edad asiste al gimnasio bien por consejo médico o por mantenerse en forma, los menores lo hacen por razones más complejas como el culto al cuerpo. En ese sentido, las amistades y las redes sociales son factores claves para atraer a estos centros a chicos y, en menor medida, pero creciente, a chicas. Su deseo allí es conseguir cuerpos admirables y aumentar su masa muscular, pero también ha llegado un punto en que se han convertido en lugares sociales que fomentan la socialización juvenil, el sentimiento de grupo. Son los nuevos bares o discotecas.
Si la generación milenial sigue siendo nocturna y bebedora, los más jóvenes optan por esta 'tiranía de la vida sana', como ha calificado algún sociólogo. Hay estadísticas que hablan de que casi el 50% de los menores de edad acude a las salas de fitness por razones estéticas. Y esto entraña sus riesgos, porque a partir de los 16 años su preparación física es más personal, pero entre los 14 y los 16, y aún más jóvenes, existen peligros importantes. Hay influencers del mundo de la musculación que se han convertido en referencias juveniles, como el culturista canadiense Chris Bumstead, que acumula casi 18 millones de seguidores en las redes, superando a deportistas de otros ámbitos de fama mundial.
Algo está sucediendo cuando culturistas con bíceps inyectados o músculos imposibles se convierten en referencia para la juventud, dicen los expertos, que advierten que el problema viene cuando ejercicios de pesas, de cardio o de musculación rápida se toman de internet o de los vídeos de TikTok, Instagram o Youtube por adolescentes sin conciencia de los problemas de esos excesos y sin recurrir a los entrenadores o preparadores de los centros. El fitness en sí mismo, basado en ejercicios y buena alimentación, «no es el problema, al contrario», pero sí lo es el abuso de la preparación física, la vigorexia u obsesión por tener un cuerpo absolutamente musculado.
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