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El histórico jeltzale Gerardo Bujanda Sarasola falleció ayer a los 100 años de edad. El gudari que luchó en el batallón Saseta, burukide guipuzcoano insustituible y exdiputado en el Congreso, entre otras muchas cosas, había recibido el pasado 25 de agosto, día de su cumpleaños, un emocionado homenaje de su familia y de su partido al cumplir un siglo de vida y como agradecimiento a su incansable lucha por Euskadi.
En el corazón del barrio de El Antiguo, ese día acompañado por su inseparable mujer, Lide Oñederra, y sus hijos, estuvo arropado por otros miembros de la sagas Bujanda-Sarasola y Oñederra, pero también por una representación de la familia nacionalista encabezada por el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, el líder del GBB, Joseba Egibar, y el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano. Todos elogiaron la figura del veterano gudari al cumplir cien años dedicados en gran parte a la defensa de la libertad frente a las tropas franquistas, a la militancia clandestina durante la dictadura y al activismo político en la naciente democracia con un empeño especial en la restauración del autogobierno vasco. Ese día fue su última intervención en público, en la plaza Sert del barrio donostiarra de El Antiguo que le vio nacer y en el que se hizo a sí mismo. Bujanda agradeció emocionado, micrófono en mano, las muestras de cariño: «Tengo muchos años y me falta el aire. Pero vuestro ánimo, cariño y corazones serán míos por siempre. También en el cielo».
Gerardo Bujanda concedió a este periódico su última entrevista el pasado 28 de agosto. El histórico jeltzale recibió en su casa del barrio donostiarra de El Antiguo a un equipo de este periódico. Compartió charla, confesiones históricas e hizo memoria de una vida de lucha incansable por la libertad de Euskadi. Bujanda confesó que seguía utilizando el ordenador, y que allí escribía sus memorias y también poesías. En la charla no dejó detalle, recordó nombres, fechas y anécdotas con envidiable claridad. Una de las más duras la vivió en África, donde cumplía el servicio militar: «El 13 de junio de 1943, a las 12.30, me sacaron a fusilar».
Tras su cumpleaños, el Ayuntamiento de San Sebastián también le rindió honores y le brindó el reconocimiento de la ciudad de manos de la concejala de Acción Social, la también jeltzale Aitziber San Román. El tradicional gesto que el consistorio dedica a los centenarios donostiarras, con la entrega de un ramo de flores, fue acogido con inmensa gratitud por el veterano jeltzale. Con una memoria envidiable, recordaba anécdotas de su extensa vida.
Su sobrino José Manuel Bujanda le recordaba esos días como «un hombre de una lucidez envidiable, gudari resistente clandestino, represaliado y también torturado». «Como diputado en Cortes y dirigente del PNV, ha sido testigo viviente y representante –en palabras de su sobrino– de una generación ejemplar incomparable, difícilmente igualable, que lo dio todo por la libertad, por la democracia y por Euskadi. Un ejemplo».
Si algo marcó su vida fue el levantamiento de 1936, que «supuso un antes y un después en la historia y para muchas familias». En casa de los Bujanda Sarasola, con tres hermanas y tres hermanos, ellas tuvieron que exiliarse como 'niñas de la guerra' y cuando sus dos hermanos partieron hacia el frente, él tomó el mismo camino y se enroló como ellos en el batallón Saseta. Fue apresado y estuvo cuatro años en penales y campos de prisioneros y fue obligado a efectuar trabajos forzosos en Madrid. Finalizada la contienda, tuvo claro cuál era el camino que había de seguir: «Levantar el PNV, recuperar las libertades y reconstruir el autogobierno».
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