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Aitor Esteban se estrenó ayer como presidente del PNV con una clara apelación a la «unidad interna», tras un proceso marcado por la pugna ... entre él y Andoni Ortuzar, presidente saliente. Tras certificarse el relevo con un abrazo entre ambos, Esteban resumió el cierre de filas en una frase redonda. «En el PNV no existen dos almas, sino 22.000 que laten al unísono», dijo en alusión a los afiliados de la formación. Y en otro mensaje en clave interna, tras un proceso a la presidencia marcado por algunas críticas, el nuevo presidente del PNV instó a que no se ayude a quienes desde fuera «quieren que mordamos el polvo. Quienes ayuden a eso, no pueden ser considerados jelkides», sentenció. «La insidia y la deslealtad no pueden tener cabida en esta organización», remató.
La novena Asamblea General, celebrada en el frontón Atano III de Donostia, confirmó «por unanimidad» la designación de Esteban como nuevo presidente del Euzkadi Buru Batzar. El hasta ahora portavoz del partido en el Congreso subió emocionado al estrado para recibir de Ortuzar la tradicional makila, aplaudido por las cerca de dos mil personas que abarrotaron el emblemático recinto. En sus primeras palabras, en euskera, dio las gracias a Ortuzar por «su trabajo y pasión en favor de Euskadi, un trabajo que nunca olvidaremos», pese a que la inesperada decisión de Esteban de disputar la presidencia al ya expresidente les ha distanciado.
En su discurso, el nuevo líder insistió en el mensaje de unidad, como había hecho antes el propio Ortuzar. Incluso con un toque de atención a las distintas ejecutivas territoriales. El nuevo responsable del partido les recordó que por encima de diferencias entre Gipuzkoa, Bizkaia, Araba, Navarra o Iparralde, «todos somos vascos. Trabajamos por el conjunto del país, no hay excusa para que los jeltzales no rememos todos a una», agregó. Aunque Esteban no mencionó el TAV, este mensaje llegó tras unos días de polémicas entre Gipuzkoa y Araba a cuenta de la conexión del TAV con Navarra por Ezkio o Vitoria, con cruce de declaraciones entre el alcalde de Donostia, Eneko Goia, y el diputado general de Álava, Ramiro González, que también ayer limaron asperezas al inicio del cónclave.
Por lo demás, Esteban debutó con un discurso, en euskera y castellano, en el que marcó terreno para reivindicar a su partido como «el referente» en Euskadi que «no va a remolque de nadie» y es «un instrumento fundamental para el país». Y con numerosas metáforas aprovechando el simbolismo histórico del frontón Atano III. En este sentido, aseguró que el PNV «no va a desaprovechar ninguna oportunidad» para lograr «el derecho a decidir y el reconocimiento jurídico y político de Euskadi como sociedad diferenciada, con un mayor autogobierno que posibilite más bienestar para a sociedad vasca». Todo ello en pleno debate sobre el nuevo estatus vasco de autogobierno y la ventana de oportunidad que ofrece el Gobierno central de Pedro Sánchez para reconocer la plurinacionalidad del Estado.
«Hay que hacer nación día a día. Primero hay que lograr un amplio consenso y también habrá obstáculos políticos», reconoció de cara a un nuevo estatus. «Será un camino largo pero este partido hay que ganarlo», dijo en tono vibrante. Tras dejar claro que «no hay patria que valga la negación de los derechos humanos», en alusión a la pasada violencia de ETA, Esteban reconoció que «estamos lejos de un único marco y un único país», en alusión a la «división territorial, ideológica y lingüística», por lo que defendió «sentirnos uno».
Respecto a sus contrincantes políticos, repartió críticas implícitas a EH Bildu, al considerar que, en su afán de lograr el sorpasso electoral en Euskadi, quiere asemejarse al partido jeltzale. Subrayó que «el nivel de autogobierno y el nivel de vida» del que goza Euskadi es gracias a la labor institucional del PNV y en un mensaje a los de Arnaldo Otegi les dijo, sin ambages, que «los conversos, a la cola».
Y en clave más estatal, el nuevo líder del EBB dejó claro, en lo que sonó como un aviso a PSOE y PP, que el PNV no se plegará «a necesidades de terceros». Esteban, con larga trayectoria en Madrid, quiere marcar terreno desde el minuto uno ante los dos grandes partidos españoles, que buscan su apoyo parlamentario en el Congreso. Uno, los socialistas, para seguir en el Gobierno y el otro, los populares, para desgastar a Pedro Sánchez.
También miró a Iparralde e incluso se atrevió con un más que correcto francés, en la necesidad de estrechar lazos al otro lado de la muga. Y en un tono más filósofico, se proclamó «demócrata humanista» incluso antes que nacionalista, dio muestras de que asume la línea pragmática y gradualista hacia la «libertad» de Euskadi, e hizo suya la célebre frase de Xabier Arzalluz que aconsejaba coronar la cima del monte dando vueltas a la ladera. Hasta parafraseó al cantante oriotarra Benito Lertxundi, al recordar «la importancia de que haya nuez dentro de la cáscara», el fondo antes que la forma.
El nuevo presidente del EBB no eludió el complicado panorama político mundial. Aitor Esteban reconoció que en el actual mundo «más agresivo, en el que el multilateralismo ha sido laminado» desde EEUU, Europa «o se fortalece o desaparece». El líder el PNV, que en su nueva etapa quiere consolidar el espíritu histórico europeísta de la formación, alertó de que la UE se convertirá «en un peón supeditado a las decisiones de terceros» y supondrá una «pronta decadencia política, sino a medio plazo, la absoluta decadencia económica y del estado de bienestar». En este escenario internacional, «por muy duros y desconcertantes que sean los tiempos que se avecinan», para los vascos deben ser «un acicate y una oportunidad».
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